El arroyo de Ypané está gravemente afectado por desechos cloacales de empresas sin habilitación. Vecinos arriesgan su seguridad para documentar la contaminación, mientras la Fiscalía y la Municipalidad investigan sin frenar el daño ambiental.
El aroma nauseabundo que recorre el barrio Sol Naciente, en Ypané, evidencia un problema ambiental que persiste desde hace más de una década: la contaminación del arroyo Avay por desechos cloacales de empresas dedicadas al desagüe de pozos ciegos. Lo que alguna vez fue un cauce cristalino, lugar de juegos y recreación, hoy representa un riesgo para la salud de niños, ancianos y toda la comunidad.
Denis Pereira, vecino que funge de “investigador” para tratar de ayudar a su comunidad, se acerca a las propiedades privadas sospechosas para documentar los vertidos. “En la Fiscalía especializada del ambiente nos dicen siempre que necesitamos pruebas más contundentes, pero estos empresarios de los pozos ciegos están armados y nos amenazan”, relata.
Nuestro equipo periodístico acudió al lugar indicado por los vecinos y pudo constatar un caño que conecta la propiedad de la empresa San Miguel con el arroyo. Por este conducto desechan la cloaca directamente al cauce hídrico. Un guardia nos observó, pero nos retiramos antes de cualquier confrontación.
El concejal Jacobo Ortiz (PLRA) explica: “Las empresas que arrojan desechos no están habilitadas por la Municipalidad. Desde la Junta enviamos medidas de urgencia al Ejecutivo. Este cauce limita con Guarambaré y afecta a varios barrios vecinos”, dijo el edil.
Vecinos hacen investigación que debería hacer Fiscalía
Los barrios que se encuentran cercanos al arroyo y que son afectados por el insoportable olor son: Sol naciente, San Pedro, Virgen de Caacupé, Los Naranjos, Virgen Peregrina, Santa Lucía y Paso Pucú.
Con celulares, creatividad y los pocos recursos que tienen a su alcance, los vecinos realizan un trabajo investigativo que debería corresponder a la Fiscalía del Ambiente. Siempre que reclaman, la fiscala Liza Martínez Amarilla les dice que necesitan descubrir in fraganti a los que contaminan pero, notablemente, nunca enviaron a un equipo investigativo a montar guardia o captar imágenes, entre otras posibles opciones.
Fiscala dice que “no percibió el olor”
La fiscala Liza Martínez Amarilla dijo en entrevista telefónica con La Tribuna que hay un proceso abierto, pero descubrir los momentos exactos de descarga es complejo. “No tenemos dron ni presupuesto. Una vez allanamos y la empresa estaba en regla, y esa vez no percibimos ningún mal olor en la zona”, nos expresó la fiscala, aunque nuestro propio equipo de cobertura constató que el olor es permanente e intolerable.
Los testimonios nos muestran la realidad de cómo esta contaminación afecta a la gente. Noemí Larrosa cuenta que uno de sus hijos padece sinusitis, y otros niños vecinos tienen diarrea y dolores de cabeza por intoxicación. Cecilia Irala, quien vive frente a la escuela, asegura que las lesiones en su piel y los problemas cardíacos que padece son consecuencia directa de la contaminación: “Era un arroyo donde nos bañábamos, lo limpiábamos. Un día comenzaron a tirar esa agua asquerosa y murieron nuestros peces, lo sentimos demasiado. A partir de ese entonces, tiraron más agua podrida, lo hicieron cada vez peor, y de eso ya pasaron 10 años”, relata la pobladora.
Compromisos de limpieza solo fueron “show”
Jacinto Sanabria, activista y líder natural del barrio, comenta que las autoridades llegaron a hacer un lanzamiento oficial de un plan de recuperación, pero no pasó de un show en el que limpiaron el cauce un día y no volvieron nunca más.
“Los camiones descargan cuando no hay control, dentro de sus propias propiedades y directamente al arroyo”. La empresa más señalada es San Miguel, propiedad de un excomisario, según los vecinos.
Otros vecinos, como Eliodora Leite, apuntan a posibles irregularidades: “Yo digo que reciben coima de estos empresarios, porque sino es inentendible cómo en tantos años aún no podemos solucionar este problema”, manifiesta.
A pesar de las amenazas y riesgos, sigue la lucha de una comunidad que busca recuperar lo que alguna vez fue su espacio de recreación. “No tiene que ser solo un sueño, yo todavía tengo la esperanza de que el arroyo vuelva a ser cristalino y refrescante como antes, cuando venían turistas a visitarnos”, nos dice antes de irnos don Miguel Ángel Ayala, quien fue el primer poblador del asentamiento Sol Naciente.



