En el corazón del barrio Ricardo Brugada, un proyecto impulsado por la Pastoral Social reabre sus actividades como cada febrero para acompañar a niños y adolescentes vulnerables con educación, recreación y contención. Se trata del Espacio Protegido, un lugar seguro donde crecer, aprender y sentirse cuidado.
En un lugar donde las urgencias se mezclan con la vida cotidiana y muchas familias enfrentan la precariedad como parte de su rutina, hay un sitio que desde hace ocho años se sostiene como un refugio silencioso, pero firme. Se trata del Espacio Protegido, una de las iniciativas del proyecto Chacarita desarrollada por la Pastoral Social.
Cada mes de febrero, el espacio vuelve a abrir oficialmente sus puertas como inicio anual de actividades para la niñez y la adolescencia. No es solo una reapertura formal: es un encuentro de bienvenida, de esparcimiento y celebración, donde se presenta a los chicos y a sus familias el tipo de acciones que se desarrollarán durante el año. “Es un momento para encontrarnos de nuevo y reforzar el vínculo”, explica Marcial Cantero, responsable arquidiocesano del proyecto Chacarita.
El Espacio Protegido funciona en horario diurno, de lunes a viernes, de 13:30 a 19:00. Los niños y adolescentes asisten de manera voluntaria, enviados por sus madres, abuelas o tías, figuras centrales en la vida del barrio y que encuentran allí un entorno seguro mientras ellas trabajan. Recordemos que en la Chacarita la jefatura de hogar recae mayoritariamente sobre las mujeres.
Un lugar para “los brothers, las chiquis y las superpoderosas”
La iniciativa está dirigida a chicos y chicas de 10 a 17 años, organizados en tres grupos con identidad propia: los brothers, el club de las chiquis y las superpoderosas. Cada grupo tiene días específicos de asistencia, lo que permite una atención más cercana y cuidada.
Las actividades combinan refuerzo escolar, formación profesional y propuestas recreativas. Hay talleres de peluquería y barbería, pensados como un primer acercamiento a posibles oficios a futuro, además de ajedrez, danza y deportes, estos últimos en el marco de un convenio con la Secretaría Nacional de Deportes. “La idea es que los chicos no solo reciban contención, sino que descubran habilidades, intereses y capacidades”, explica el responsable del proyecto.
Cuidar el corazón y también la pancita
Uno de los momentos más esperados del día es la merienda, que se ofrece de lunes a viernes entre las 15:30 y las 17:00. Entre 60 y 85 niños comparten ricos alimentos mientras conversan y descansan de la jornada escolar. Los insumos son proveídos por el Ministerio de la Niñez, mientras que la Pastoral Social aporta los recursos humanos.
El equipo del Espacio Protegido cuenta con profesionales a tiempo completo: psicóloga, educadores y personal de apoyo, cuyos salarios son cubiertos por la Pastoral Social. A ellos se suman los profesores de la Secretaría Nacional de Deportes, financiados por su institución. El proyecto también se sostiene gracias a acuerdos con cooperantes de iglesias, entidades civiles, organismos públicos y aportes de empresas privadas.
Para formar parte solo se requiere interés. Se completa una ficha básica con datos de contacto de un adulto responsable, y los chicos pueden sumarse en cualquier momento del año.
Cómo ayudar al proyecto
El Espacio Protegido funciona exclusivamente para la comunidad de la Chacarita y está ubicado sobre la calle Mompox 145 casi Manuel Gondra, contiguo a la Comisaría 5.ª. Quienes deseen sumar a sus hijos o apoyar económicamente el proyecto pueden comunicarse al (0991) 387-387, teléfono del responsable arquidiocesano del Proyecto Chacarita.
En un contexto en el que la desigualdad es innegable, el Espacio Protegido nos recuerda que acompañar a la infancia también es una forma de cuidar el futuro del barrio.



