Cada 3 de febrero, distintas ciudades de nuestro país celebran la festividad de San Blas, santo patrono del Paraguay, con actividades que combinan espiritualidad con fiesta en los pueblos. Torines, serenatas y el tradicional karu guasu forman parte de esta tradición que atraviesa generaciones.
Cada 3 de febrero, Paraguay revive una de sus tradiciones más arraigadas: la celebración de San Blas, santo patrono de nuestro país para la comunidad católica. Aunque su origen es religioso, con el paso del tiempo la fecha fue adquiriendo un carácter cultural que trasciende las creencias individuales y se manifiesta, sobre todo, en la vida comunitaria de las ciudades. Prácticamente todas las ciudades del Paraguay tienen algún barrio o compañía con el nombre de San Blas. Se le atribuye su intercesión ante Dios en las curaciones de dolores y enfermedades de la garganta. Los promeseros visten de blanco con una capa de color rojo y acuden para pagar sus promesas por sanaciones recibidas. La gente también acostumbra a tomar una cinta roja y pasarla por alrededor de la cintura o el cuello del santo. Se le llama “la medida de San Blas” y es usada como amuleto por el enfermo hasta curarse de la garganta.
San Blas fue médico y obispo. Nació en Sebaste, Armenia, hacia el año 250. Era conocido por salvar la vida de un niño que se atragantó con una espina de pescado. Murió en el año 316.
Venerado en todo los rincones de Paraguay
Con los años, su figura se extendió por todo el territorio. Hoy, prácticamente todas las ciudades del país cuentan con barrios, compañías o capillas que llevan su nombre. En localidades como Piribebuy e Itá la celebración del 3 de febrero mantiene un fuerte arraigo histórico y convoca cada año a una gran cantidad de fieles.
En Paraguarí, San Blas ocupa un lugar central como segundo patrono de la ciudad, después de Santo Tomás. Allí, según nos contó el intendente Marcelo Simbrón, la celebración no se limita a una sola jornada, sino que se extiende durante varios días a través de actividades organizadas por tres capillas principales: San Blas Loma, la capilla que está en el centro de la ciudad y la que se encuentra en la compañía Costa Guaraní.
Música, comida y procesión
Entre las actividades más tradicionales, nos contó el administrador de la ciudad, se destacan los torines (corridas de toro) que en el barrio San Blas Loma se desarrollan durante siete días consecutivos, además de festivales artísticos y serenatas que convocan a artistas, vecinos y visitantes. Pero uno de los momentos más esperados es el karu guasu, una práctica profundamente instalada en la cultura local.
Tallarines y asados son parte de los manjares que la gente espera con ansias para compartir y disfrutar. Pero la preparación de la comida va más allá de ser una expresión gastronómica, sino que es un espacio de comunión espiritual. Familias enteras participan de la organización del menú y comparten largas mesas, reafirmando una costumbre que se transmite de generación en generación. “Nuestras tradiciones nunca se pierden”, resaltó el intendente. Desde la Municipalidad de Paraguarí agradecieron la participación de la ciudadanía.
Festejo y solidaridad
En la parroquia San Blas de Fernando de la Mora, Zona Sur, se realizó un karu guasu destinado especialmente a niños y jóvenes carenciados de la comunidad. La celebración se complementó con procesiones y serenatas con artistas invitados.
Carapeguá fue otra de las ciudades donde la festividad volvió a reunir a vecinos en torno a la capilla San Blas. Allí, las actividades patronales combinaron momentos de recogimiento, reforzando el sentido de pertenencia y la continuidad de la tradición.
Cada 3 de febrero, la tradición vuelve a revelarse no solo como manifestación religiosa, sino como un fenómeno social que reafirma nuestra identidad.




