Con dos jornadas maratónicas y acceso libre, San Juan Bautista, Misiones, celebró la edición 25 del Festival del Batiburrillo, el Chorizo y el Siriki Sanjuanino, una fiesta gastronómica que refleja el orgullo por la gastronomía de la localidad.
El viernes 30 de enero, cuando el sol apenas asomaba sobre la plaza Boquerón de San Juan Bautista, Misiones, el humo de las parrillas ya hizo notar el inicio de una de las celebraciones más emblemáticas del país. El Festival del Batiburrillo, el Chorizo y el Siriki Sanjuanino volvió a reunir este 2026 a miles de visitantes en su edición número 25, consolidándose como una de las mayores fiestas gastronómicas del Paraguay.
Durante dos jornadas intensas, el 30 y 31 de enero, cocineros y cocineras de San Juan y de distintos puntos del país ofrecieron platos que son sinónimo de la identidad de su pueblo. El acceso fue libre y gratuito, y el ambiente una mezcla perfecta de aromas, música, encuentros y recetas heredadas de generación en generación.
El chorizo sanjuanino, uno de los grandes protagonistas, se elabora con una cuidada mezcla de carne vacuna y tocino de cerdo, combinado con condimentos que cada familia guarda en secreto, como un tesoro.
El guiso más esperado
A su lado, el batiburrillo, un guiso tradicional preparado con menudencias y abundantes verduras, completa una dupla inseparable de la gastronomía local. Todo se acompaña con el infaltable siriki sanjuanino, una bebida alcohólica típica de la zona, conocida como la “caipiriña paraguaya”, preparada con caña blanca, jugo de limón y mucho hielo.
“Es un evento tradicional, se hace cada año y en todo el país nos conocen, incluso internacionalmente”, cuenta Ramona Bernal, una de las cocineras más reconocidas del festival. Hace más de 30 años que prepara chorizo sanjuanino y participa de la fiesta sin faltar. “Cada uno tiene su secreto de preparación. Competimos, pero sanamente. Al final, todos nos queremos”, dice entre risas, mientras atiende una fila constante de clientes.
Las ventas arrancaron desde las 05:00 de la mañana y se extendieron hasta la medianoche, tanto el sábado como el domingo. “Son dos jornadas maratónicas, pero vendemos muy bien”, señala Ramona. Las porciones, tanto de chorizo como de batiburrillo, se ofrecieron a partir de G. 15.000, un precio accesible que permitió a familias enteras disfrutar del festival.
El respaldo institucional también fue clave. Los stands se instalaron en la plaza Boquerón con costos mínimos y con el apoyo del intendente de San Juan, José Luis Benírez, y de las autoridades locales. “El municipio nos apoya bastante, eso ayuda a que podamos estar siempre en la feria”, destaca la cocinera.
Receta se transmite a nuevas generaciones
Más allá de la venta, el festival es un espacio donde la tradición se transmite. “Tengo hijos varones y me piden que les enseñe la receta para continuar con la herencia familiar”, cuenta Ramona con orgullo. Esa continuidad es, quizás, el mayor valor de la fiesta; asegurar que los sabores de San Juan sigan vivos en cada generación.
Así, entre humo de parrillas, ollas humeantes y vasos de siriki bien fríos, San Juan Bautista volvió a demostrar que su gastronomía no es solo comida; es historia y un punto de encuentro que cada año convoca a amantes de la gastronomía de todo el país.


