Un especialista en empleo advierte que la mayoría de los paraguayos de la generación Z y hasta 28 años tiene voluntad de trabajar, pero prefiere la independencia laboral antes que tener jefes. El fenómeno obliga tanto a empresas como a jóvenes a replantear reglas, expectativas y formas de vincularse.
El mundo del trabajo atraviesa una transformación profunda y silenciosa, impulsada principalmente por las nuevas generaciones. En Paraguay, el fenómeno ya es visible: ocho de cada diez jóvenes, desde la generación Z hasta los 28 años, tienen la voluntad de trabajar, pero prefieren no tener jefes. La mayoría se inclina por el trabajo independiente, la autogestión y la posibilidad de manejar sus propios tiempos.
Así lo explica el especialista en empleos Enrique López Arce, quien señala que este cambio no es exclusivo de nuestro país, pero que en Paraguay tiene sus características particulares al respecto del asunto. Según el analista, los jóvenes no rechazan el trabajo en sí, pero sí están reacios al modelo tradicional de dependencia. La generación Z no quiere jerarquías rígidas, horarios estrictos ni vínculos laborales que deriven en estrés o malos tratos.
La calidad de vida como prioridad
Cuando se les pregunta por qué evitan el empleo formal, muchos de los chicos mencionan la necesidad de preservar su calidad de vida. Prefieren elegir sus horarios, trabajar por objetivos y no solo “calentar la silla 8 horas”. Además, quieren evitar reclamos constantes o llamadas de atención de superiores, que perciben como innecesarias. Para esta generación, el bienestar personal es incluso más importante que el dinero.
Piden mucho, pero no quieren dar lo mismo
Sin embargo, Enrique López advierte que esta mirada también tiene contradicciones. Si bien los jóvenes reclaman mejores salarios, en muchos casos no están dispuestos a asumir mayores exigencias, mejorar su desempeño, capacitarse o invertir más tiempo en su formación profesional. “Existe una tensión entre lo que esperan del trabajo y lo que están dispuestos a ofrecer”, analiza.
Ante este escenario, el mundo laboral se ve obligado a adaptarse desde ambos bandos. Por un lado, las empresas deben adaptar sus prácticas y volverse más humanas, entendiendo que las nuevas generaciones necesitan sentirse valoradas y visualizar posibilidades reales de crecimiento. Por otro lado, los jóvenes también deben poner de su parte, adquiriendo disciplina y cumpliendo con todas las responsabilidades laborales.
Según el experto entrevistado, establecer planes de carrera, reconocer logros y generar ambientes laborales más empáticos aparece como una estrategia clave para retener talento joven.
Aprender a tener la piel más dura en el trabajo
Desde la mirada del especialista, los jóvenes también deben aprender a convivir con ciertos aspectos del mundo laboral, como las llamadas de atención, siempre que estas se realicen dentro de un marco de respeto. Lejos de ser negativas, estas instancias pueden contribuir al crecimiento profesional y a mejorar el rendimiento.
“Mejorar los ingresos implica dedicar más tiempo, porque capacitarse y producir más es parte del aprendizaje que aún está en proceso en esta generación. La independencia laboral ofrece libertad, pero también exige disciplina, compromiso y constancia”, remarcó el experto.
Un dato que llama la atención es que los jóvenes valoran especialmente los elogios, incluso por acciones rutinarias como llegar a tiempo o cumplir con lo básico. Para las empresas, esto representa un desafío cultural. Si quieren retener el talento de los jóvenes, deben incorporar incentivos, reconocimientos y feedback positivo como parte de la gestión cotidiana.
El cambio generacional ya está en marcha y el mercado laboral paraguayo no puede ignorarlo. La clave, según el especialista, está en encontrar un equilibrio, es decir, empresas más empáticas, y jóvenes más conscientes de que el crecimiento profesional también requiere esfuerzo. El futuro del trabajo se construye, necesariamente, entre ambas partes.



