La primera señal concreta surgió a partir de un estudio realizado el año pasado en el Hospital Regional de Encarnación (HRE), en el marco de una investigación desarrollada por estudiantes de universidades privadas y la Séptima Región Sanitaria. El trabajo fue financiado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).
Los resultados fueron presentados durante el Segundo Congreso de Salud Pública, realizado en mayo en Encarnación, con la organización de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Itapúa (UNI), la Séptima Región Sanitaria y el Centro de Estudiantes de Medicina.
El análisis se basó en casos atendidos en el área de Emergencias del HRE y permitió detectar al menos siete consumidores habituales de fentanilo, además de otros pacientes con consumo de marihuana y cocaína. El estudio también identificó un patrón predominante: hombres jóvenes, residentes en zonas urbanas, con mayor frecuencia de atención durante fines de semana y en horarios nocturnos.
Casos confirmados en el nuevo hospital
A estos registros se sumaron otros casos detectados mediante análisis laboratoriales en el Hospital General de Itapúa. Así lo confirmó el director del centro asistencial, doctor Juan María Martínez, quien advirtió que la circulación de esta droga en el ámbito local constituye un motivo de seria preocupación.
El profesional señaló que si bien el número de casos confirmados puede parecer reducido, ello responde a que las pruebas específicas no se aplican de manera masiva, sino a pacientes con perfiles clínicos compatibles. “La presencia del fentanilo en nuestro medio es una señal de alerta”, subrayó.
Martínez remarcó que la gravedad del problema radica en que la adicción a este tipo de sustancias ya es una realidad en Itapúa y que, presumiblemente, existen más casos que aún no han sido diagnosticados.
Una droga de alto riesgo
El fentanilo es un opioide sintético desarrollado originalmente para uso médico, indicado en pacientes con dolores intensos o enfermedades crónicas. Su potencia es hasta cien veces mayor que la de la morfina.
Actúa sobre el sistema nervioso central generando alivio del dolor, sedación, euforia y una intensa sensación de relajación. Sin embargo, es altamente adictivo y presenta un elevado riesgo de muerte por sobredosis.
Entre sus efectos secundarios se incluyen náuseas, estreñimiento, somnolencia, confusión y, especialmente, depresión respiratoria, principal causa de fallecimientos asociados a su consumo. La droga se presenta en polvo, aerosoles nasales y, principalmente, en pastillas, formato que facilita su distribución ilegal.
De acuerdo con literatura especializada, su producción en laboratorios clandestinos es relativamente sencilla y suele mezclarse con otras sustancias como cocaína o heroína, lo que incrementa de manera significativa el riesgo de intoxicaciones fatales.



