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Paola Solís, la mujer que despertó cuando ya no había esperanzas

Diagnosticada con un tumor cerebral irreversible y derivada a cuidados paliativos, Paola Solís estuvo seis meses en coma en el año 2020 y su vida fue…

| Por La Tribuna
Con su mamá y su hija, Paola formó un equipo indestructible de mujeres que pudo vencer las más fuertes tormentas.

Diagnosticada con un tumor cerebral irreversible y derivada a cuidados paliativos, Paola Solís estuvo seis meses en coma en el año 2020 y su vida fue dada por perdida. Contra todo pronóstico médico, despertó, se recuperó y hoy comparte su historia como un testimonio de esperanza.


En el año 2018, la vida de Paola Solís cambió de manera abrupta. A sus 34 años, recibió un diagnóstico devastador: un tumor en el tronco encefálico, una zona crítica del cerebro donde, según los médicos, “no hay puntos grises, o es blanco, o negro”. El pronóstico era claro y cruel, ya que su expectativa de vida no superaba en ese momento los dos años. “Lamentablemente, este tipo de tumor no suele tener buen pronóstico”, le dijeron. Y en su caso, la posibilidad de revertir el cuadro era del 0,1%.

Con el avance de la enfermedad, su estado se deterioró rápidamente. A inicios del 2020, Paola entró en coma y permaneció así durante seis meses. Estaba internada en un sanatorio privado, donde los médicos constataron que el bulto había obstruido el paso del líquido cefalorraquídeo, provocando una acumulación de líquido en el cerebro. Le dijeron a su familia que ya no había nada que hacer. La única intervención posible fue la colocación de una válvula para drenar el líquido, una medida paliativa ante un cuadro considerado irreversible.

El neurocirujano Carlos Feltes fue claro con la familia: un tumor en esa zona del cerebro es determinante para la vida. Con ese diagnóstico, Paola fue trasladada a su casa en Juan Bautista, Misiones, para recibir cuidados paliativos. Cada día se apagaba un poco más, y todo indicaba que el final estaba cerca.

El milagro inexplicable de “una fuerza diferente”

Pero lo inesperado ocurrió. Después de seis meses en coma, un día, sin aviso ni explicación, Paola despertó. “Yo solo escuché que mi hermana me habló, yo le respondí y todos se conmocionaron”, relata. Llamaron de inmediato a una ambulancia y fue derivada nuevamente al sanatorio. Los estudios sorprendieron incluso al equipo médico; el tumor agresivo que la había condenado simplemente ya no estaba. El propio neurocirujano reconoció que no encontraba una explicación científica para lo ocurrido y admitió que había actuado “una fuerza diferente”.

Paola se emociona cuando habla de su familia, sobre todo de quienes considera sus dos pilares principales: su hermana y su mamá. También nos habla de la fe, de las oraciones y del sostén incondicional de su comunidad. Recuerda con emoción cómo, durante su enfermedad, su nombre fue mencionado todos los días en la misa de la parroquia, cómo se rezó el rosario por su sanación y cómo nunca estuvo sola, aun cuando parecía que ya no había esperanza.

Secuelas como huellas de su historia

La recuperación, sin embargo, no fue sencilla. Tras seis meses sin moverse, quedó con severas secuelas, como atrofia en manos y pies, imposibilidad de caminar y un futuro que se veía condenado a una silla de ruedas. Gracias a la intervención del doctor Aníbal de los Ríos, traumatólogo, quien le operó una mano y ambos pies, hoy Paola puede caminar con normalidad y utilizar una de sus manos para sus actividades diarias. “No quedé perfecta, pero para mí son marcas de mi historia”, dice.

Funcionaria del Palacio de Justicia de Fernando de la Mora, destaca que pudo tratarse en Paraguay y resalta la calidad de los profesionales médicos del país. Reconoce además que el seguro médico privado de su trabajo fue clave para su atención, algo que no hubiera podido costear sola. Además, agradece profundamente a su familia y a la comunidad que organizó actividades solidarias para ayudarla económicamente con los demás gastos que el seguro no cubría.

Cuenta su historia para tener un propósito

Si bien su caso ocurrió hace varios años, Paola decidió contar su historia recién ahora con una publicación en sus redes sociales. Lo que no imaginó es que su testimonio llegaría a todo el país. “Cuando vi el impacto, entendí que se estaba cumpliendo el propósito de Dios”, afirma.

Hoy, Paola depende de la fisioterapia de por vida, pero, más allá de eso, siente que su misión es compartir su testimonio. “Si una sola persona, al escuchar mi historia, siente ganas de seguir viviendo, entonces todo valió la pena”, dice, serena.

Paola Solís ya no busca explicaciones científicas, pues está convencida de que lo que vivió fue un milagro. Y, desde ese lugar, decidió convertir su historia en luz para otros que hoy están peleando diferentes batallas.

Paola tiene una sola hija que para ella vale por 10, pues fue su compañera incondicional y nunca lesoltó la mano.

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