El sistema educativo se prepara para el inicio de clases previsto para el 23 de febrero, y con ello plantea dejar el aprendizaje mecánico y avanzar hacia un sistema educativo pedagógico; entender, aplicar y pensar.
Cada año se renueva el debate educativo en cuanto a qué y cómo se enseña en las aulas, ya que en épocas de exámenes los niños y adolescentes se abocan a estudiar y aprender de memoria. En ese contexto, el Ministerio de Educación y Ciencias comenzó a delinear las acciones que marcarán el próximo período escolar, pasando de la repetición de contenidos a una pedagogía basada en la comprensión.
Durante dos jornadas de trabajo en este enero, equipos técnicos vinculados a la Educación Básica se reunieron para ordenar una hoja de ruta que busca consolidar programas ya en ejecución y alinearlos bajo un mismo enfoque. La idea es que el estudiante no solo recuerde datos, sino que sea capaz de usarlos, relacionarlos y transferirlos.
Iniciativas como Proyecto Zero, Diseño Universal de Aprendizaje (DUA), Retos Divertidos, robótica educativa y otros son programas que fueron impulsados desde el año pasado; aparecen como piezas de un mismo rompecabezas. El objetivo es que dejen de funcionar como experiencias aisladas y pasen a formar parte de una lógica pedagógica compartida.
Desde el enfoque planteado, aprender no es acumular información, sino desarrollar estructuras de pensamiento que permitan seguir aprendiendo a lo largo de la vida. La comparación que se utiliza en los equipos técnicos es que, una vez que se aprende a manejar, esa habilidad ya no se olvida. Lo mismo debería ocurrir con las herramientas cognitivas que se construyen en la escuela.
Las pruebas internacionales, como PISA, miden comprensión lectora, razonamiento matemático y capacidad de resolución de problemas, mientras que en las aulas sigue predominando, en muchos casos, la memorización. El resultado de esta práctica es el bajo desempeño y una sensación constante de estar rindiendo exámenes para los que no se entrenó.
La planificación para el 2026 reconoce esa brecha y propone enfrentarla desde el aula, no desde el examen. La idea es fortalecer especialmente la comprensión en Lengua Castellana y Matemática, áreas clave donde se concentran las mayores dificultades. Para eso, se prevé un trabajo sostenido en territorio, con seguimiento y monitoreo de lo que efectivamente ocurre en las escuelas.
Directores departamentales, supervisores, directores de instituciones y docentes de gestión oficial serán convocados a instancias de capacitación y alineación pedagógica.
Otro de los ejes que aparece con fuerza es el trabajo con las personas que sostienen el sistema educativo. La planificación no se limita a contenidos y programas, sino que también busca identificar perfiles, capacidades y roles dentro de las estructuras educativas. La apuesta es mejorar la articulación entre niveles y fortalecer liderazgos pedagógicos que acompañen estos cambios en el aula.
Desde hace décadas, la escuela paraguaya se organiza bajo un modelo heredado de la enseñanza tradicional, con materias compartimentadas, etapas rígidas y una fuerte carga de contenidos. Sin embargo, investigaciones más recientes sobre aprendizaje y desarrollo cognitivo ponen el acento en los factores referentes al pensamiento crítico, la emoción, la toma de decisiones razonables y la capacidad de aprender a aprender.



