La violencia no aparece de golpe ni siempre se reconoce a tiempo; las conductas que se normalizan, silencios que se repiten y dependencias que atan forman parte de un ciclo que puede terminar en tragedia.
Los datos abiertos del Ministerio Público revelan que a lo largo del 2025 se registran 37 feminicidios, 55 tentativas y unas 38.000 causas por violencia intrafamiliar. En lo que va de enero de este año, escala a más de 6. Con estos antecedentes, es importante seguir encendiendo las alertas.
La viceministra de Protección de los Derechos de las Mujeres, Stella Villamayor, insistió en que la violencia no comienza con los golpes ni con las amenazas de muerte. “Empieza mucho antes, con actitudes que se normalizan y que muchas veces se confunden con cuidado o amor”, señaló.
Cómo funciona el “violentómetro”
Esta herramienta pedagógica es un instrumento que divide las conductas en tres niveles: el primero, identificado con el color amarillo, incluye situaciones que suelen pasar desapercibidas, como control excesivo, celos constantes, revisiones del celular o restricciones sobre la forma de vestir. “Muchas mujeres creen que eso es normal, que es parte de una relación, y ahí está el primer problema”, advirtió.
El segundo nivel, marcado en naranja, muestra una escalada más clara. Aparecen los empujones, los insultos, las amenazas, incluso aquellas que involucran a los hijos. “Es una violencia que ya no solo lastima emocionalmente, sino que empieza a dañar físicamente y a generar miedo”, explicó Villamayor.
El tercer nivel, identificado en rojo, representa el mayor riesgo. Allí se concentran las agresiones físicas graves, las relaciones sexuales forzadas y las amenazas directas de muerte. “En ese punto ya no hay margen. Se necesita intervención profesional inmediata para evitar que la violencia termine en un feminicidio”, remarcó.
La viceministra insistió en que salir de un ciclo de violencia no es sencillo y pidió empatía social hacia las víctimas.
“Muchas veces se juzga a la mujer porque denuncia y luego vuelve, pero eso también es parte del ciclo. Hay una dependencia emocional muy fuerte, a veces económica, y también el miedo de afectar a los hijos”, explicó.
Sobre el aspecto legal, recordó que la Ley 5.777 establece que las denuncias por violencia no pueden retirarse ni desestimarse. “No existe el arreglo entre partes cuando hubo violencia. Una vez que el sistema toma conocimiento, la investigación debe seguir”, subrayó, en referencia a una práctica aún extendida de intentar frenar procesos judiciales.
Como parte de las herramientas de apoyo, ya hay una línea de WhatsApp que funciona las 24 horas (0984) 457-398, complementaria al número 137. Según los datos preliminares, el uso de mensajes escritos ya supera ampliamente al de las llamadas telefónicas. “Hay mujeres que prefieren escribir antes que hablar. Eso nos permitió llegar a más casos”, indicó.
La red de atención incluye equipos de psicólogas, abogadas y trabajadoras sociales, además de albergues temporales para mujeres en situación de riesgo inminente, ubicados en Central y Canindeyú. Allí se trabaja con planes integrales que apuntan no solo a la protección inmediata, sino también a la reinserción social, educativa y laboral.
Villamayor también puntualizó sobre la prevención y la educación, especialmente entre adolescentes y jóvenes. Los programas dictados en las escuelas, llamados “Noviazgo sin violencia”, ya alcanzaron a más de 11.000 estudiantes, con charlas que abordan control, celos, violencia digital y relaciones desiguales de poder. “La violencia se aprende, pero también se puede desaprender”, sostuvo.
Finalmente, explicó que la violencia es una responsabilidad de toda la sociedad. “Si no identificamos las señales y no actuamos a tiempo, seguiremos apagando incendios en lugar de prevenirlos”, concluyó.



