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Una laguna que se seca y revela un inesperado desierto blanco 

En el centro del Chaco paraguayo, una laguna estacional sorprende por su paisaje único. En épocas donde no hay lluvias, el agua desaparece y deja al …

| Por La Tribuna


En el centro del Chaco paraguayo, una laguna estacional sorprende por su paisaje único. En épocas donde no hay lluvias, el agua desaparece y deja al descubierto una capa blanquecina que recuerda al Salar de Uyuni. El propietario del predio privado advierte que es un tesoro natural que debe preservarse.

En el corazón del Chaco paraguayo, lejos del ruido urbano y de los circuitos turísticos tradicionales, existe un espejo de agua que cada año se transforma en un paisaje inesperado. Se trata de la conocida históricamente como Laguna Salada o Laguna Flamenco, hoy identificada como Chaco Lodge, considerada la laguna de mayor extensión del Chaco central paraguayo.

El lugar se encuentra dentro de un predio privado, propiedad de Norbert Epp, colono menonita de la Colonia Fernheim, quien explicó que este fenómeno natural responde a un ciclo propio del ecosistema chaqueño y no representa ningún riesgo ambiental. “Es una laguna que depende exclusivamente de la lluvia. No recibe agua de ríos permanentes, solo se alimenta cuando llueve lo suficiente”, detalló.

El recorrido que desemboca en el fascinante fenómeno

La laguna forma parte del recorrido del riacho Yacaré Sur, un cauce que transporta únicamente agua de lluvia. Este riacho nace en el departamento de Boquerón, atraviesa Presidente Hayes y, a lo largo de su trayecto, va dejando una serie de lagunas conocidas como espejos de agua que aparecen y desaparecen según la temporada. En ese recorrido, la Laguna Salada es la más grande de todas.

Ubicada en el departamento de Presidente Hayes, linda al norte con Alto Paraguay y Boquerón, la laguna se sitúa dentro del distrito de Teniente Irala Fernández. Desde esa localidad, hay que recorrer unos 80 kilómetros hacia el norte para llegar hasta este singular sitio, en pleno centro del Chaco paraguayo.

Comportamiento cíclico

Según explicó Norbert Epp, la laguna es poco profunda y su comportamiento es cíclico. “Cuando terminan las lluvias, generalmente a partir de junio, el nivel del agua comienza a bajar lentamente hasta secarse por completo”, señaló. Para que vuelva a llenarse, se necesita una precipitación considerable: más de 100 milímetros de lluvia acumulada.

Cuando el agua desaparece, el paisaje cambia por completo. En el fondo queda una fina capa de sal, de aproximadamente un centímetro de espesor, que cubre gran parte de la superficie y le da al lugar un tono blanco intenso. El efecto visual es impactante y recuerda inevitablemente al Salar de Uyuni, el desierto de sal más grande del mundo, ubicado en Bolivia. “Así como Bolivia promociona su salar, nosotros también tenemos algo parecido”, comparó Epp, aunque aclaró que, a diferencia del Uyuni, aquí no existe acumulación suficiente de sal como para su aprovechamiento.

“La sal no se puede cosechar. Tiene otros componentes que no son saludables para el consumo humano”, explicó, subrayando que el valor del sitio no está en la explotación, sino en su belleza natural. El color blanquecino del suelo, el horizonte abierto y el cielo chaqueño convierten a la laguna seca en un espectáculo visual que atrae a quienes llegan hasta allí, principalmente para tomar fotografías y contemplar el paisaje.

Flamencos se refugian en el territorio

Otro de los grandes atractivos del lugar son los flamencos, que forman parte del ciclo natural de la laguna. Cada año, cuando en Bolivia comienza el invierno, estas aves migran hacia el Chaco paraguayo en busca de temperaturas más cálidas. Durante un tiempo, encuentran refugio en la Laguna Salada, sumando movimiento, color y vida a un entorno ya de por sí sorprendente.

Buscan proteger la maravilla natural

Sin embargo, Norbert es claro al marcar límites. Aunque el sitio despierta interés y curiosidad, no considera conveniente potenciarlo como un destino turístico masivo. “El Chaco no es apto para recibir grandes cantidades de turistas”, advirtió. A su criterio, el lugar debe ser resguardado y protegido, ya que se trata de una reserva natural que no puede ni debe ser sobrecargada.

“Es un predio privado, es mío, y yo tengo mis reglas”, afirmó, remarcando la necesidad de preservar el equilibrio del ecosistema. Para él, la laguna es un patrimonio natural que debe mantenerse tal como está, sin intervenciones que alteren su dinámica.

La laguna Chaco Lodge es una muestra más de los paisajes asombrosos que esconde el Chaco paraguayo. Un fenómeno natural que se transforma con las estaciones y que, sin grandes demostraciones, exhibe un desierto blanco en el corazón del Chaco.

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