Sacerdote, antropólogo y educador, el padre José Zanardini, con su partida, deja una huella profunda en el Chaco paraguayo, donde convivió con comunidades indígenas, impulsó la educación bilingüe y defendió los derechos territoriales desde el trabajo académico y pastoral.
La muerte del padre Giuseppe “José” Zanardini, ayer a la medianoche, marcó y cerró una etapa clave en la historia más reciente de la antropología y de la defensa de los pueblos indígenas en Paraguay. Tenía 87 años y se encontraba en la comunidad Domingo Savio, en Fernando de la Mora. Su partida no solo enluta a la familia salesiana, sino también a comunidades indígenas, académicos y generaciones de estudiantes que encontraron en él a un referente ético y comprometido.
De origen italiano, Zanardini llegó al Paraguay en 1978. Desde entonces, su vida quedó ligada de forma definitiva al Chaco y a las poblaciones históricamente relegadas. Vivió durante años en aldeas indígenas chaqueñas, compartiendo la vida cotidiana, las carencias y las luchas de los pueblos originarios. Esa convivencia marcó su forma de entender la antropología, siempre orientada a la acción concreta y a la defensa de derechos.
Formado como ingeniero químico y civil en la Universidad de Milán, amplió su trayectoria académica con estudios de Filosofía en Brescia, Teología en Roma y Antropología Social en Londres, además de Antropología Aplicada en Quito. Ese recorrido interdisciplinario se reflejó en una obra que combinó rigor científico, sensibilidad cultural y compromiso social.
Durante más de cuatro décadas fue docente universitario y, desde 1994, director del Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica de Asunción (Ceaduc). Desde ese espacio impulsó investigaciones, publicaciones y debates que ayudaron a visibilizar la diversidad cultural del Paraguay. Bajo su conducción se editaron de forma sostenida el Suplemento Antropológico y la revista Estudios Paraguayos, hoy referencias obligadas en el ámbito académico.
Legados de unión, educación y cultura
Su vínculo con el pueblo Ayoreo fue uno de los rasgos más singulares de su trayectoria. Zanardini fue adoptado simbólicamente por un clan mediante un ritual tradicional, un gesto que reflejó la confianza construida a lo largo de los años. Promovió encuentros binacionales entre comunidades Ayoreo de Paraguay y Bolivia, separadas por fronteras políticas, y trabajó para que los propios pueblos indígenas se organizaran y negociaran en primera persona con el Estado y la sociedad nacional.
En el plano educativo, creó escuelas indígenas en el Chaco, formó docentes originarios y elaboró materiales didácticos en lenguas chaqueñas, respetando criterios de bilingüismo y pertinencia cultural. En 2002, a pedido del Ministerio de Educación, recorrió el país para hacer un diagnóstico sobre educación indígena, cuyas conclusiones marcaron lineamientos para políticas públicas posteriores. También fue asesor del Ministerio de Educación y miembro de la Comisión Nacional de Bilingüismo.
Autor prolífico, publicó libros fundamentales como “Territorios olvidados”, “Cultura del pueblo ayoreo”, “Educación indígena” y “Sabiduría de la selva”, además de numerosos artículos y ponencias presentadas en congresos internacionales en América, Europa y Asia. Su producción académica siempre estuvo atravesada por una premisa hacia el respeto a las culturas indígenas y el derecho de los pueblos a decidir su propio destino.
Su labor fue reconocida dentro y fuera del país. En el año 2000 recibió el Premio Internacional por la Paz otorgado por la Región Lombarda de Italia, y en 2005 fue distinguido como Cavaliere Ufficiale della Repubblica Italiana. En Paraguay, fue declarado Ciudadano Ilustre de Asunción y Limpio.
El legado de José Zanardini queda vivo en las comunidades que acompañó, en las aulas que formó y en una obra que seguirá siendo referencia para comprender el Paraguay profundo.



