Entre casitas, piletas, muñecas y autos a control remoto, vendedores históricos y familias enteras sostienen una tradición que mezcla trabajo y esperanza. El objetivo es que el 6 de enero ningún niño amanezca sin un regalo junto a sus zapatitos.
Cada enero, la avenida Eusebio Ayala vuelve a transformarse en un corredor de ilusión, esta escena se repite año tras año, pero a la vez, nunca es exactamente igual. En los primeros días, y con mayor intensidad durante la noche del 5, este lugar se convierte en una gran juguetería al aire libre. Mientras en cada hogar hay un niño entusiasmado dejando agua y pasto para los Reyes Magos y garabateando una cartita con el pedido, en la calle hay quienes trabajan para que ese sueño se cumpla.
Sobre ambas veredas de la populosa avenida, bajo luces improvisadas y en medio del calor persistente, vendedores acomodan juguetes, inflables, muñecas y casitas. No es solo comercio: es una vigilia compartida de corazones nobles, que dejan de lado el cansancio y se concentran con expectativa en sus ventas.
Zunilda Cáceres entiende bien del rubro. Cada año se instala desde el 20 de diciembre para vender casitas de muñecas con diminutos y encantadores mueblecitos. Este es un regalo que, según dice, nunca falla, pues fascina a las niñas de todas las épocas.
Para asegurar su espacio, alquila de manera temporal un salón, aunque hay años en donde no encuentra espacio disponible, y en ese caso, vende en la calle, pagando un canon de G. 30.000 por día a la Municipalidad de Asunción, además de otros G. 30.000 por el carnet que la identifica como vendedora.
Casitas, el sueño de niñas de todas las épocas
El esfuerzo empieza mucho antes de que los Reyes realicen su recorrido por la ciudad. En su caso, el trabajo arranca en agosto. Con dos carpinteros y algunos ayudantes, la familia prepara 400 casitas, y cada año, se vende todo el stock. Hasta el momento de la entrevista, ya había vendido alrededor de 20 unidades, lo que representa unos G. 7 millones, pero todavía espera al grueso de sus clientes, que suelen agolparse a última hora del 5 de enero en busca del regalo. Y es que a veces, los reyes se movilizan a última hora.
Los precios de las casitas van desde G. 100.000 hasta G. 550.000, y aparte, ofrecen mueblecitos tipo tocador a G. 200.000.
Cruzando la calle, frente al Colegio Nacional de la Capital, Dionisia Silva acomoda piletas e inflables. Lleva cerca de 20 años vendiendo en la zona, desde que su hijo tenía apenas dos años; hoy, tiene 36. “Vengo el 9 de diciembre, después de Caacupé, y me quedo hasta después de Reyes. Después ya se queda mi hijo todo el verano y yo me voy a descansar”, relata.
El calor no es un obstáculo, porque en el caso de ellos, favorece al negocio. Cuanto más sube la temperatura, más piletas se venden. Este año, cuenta, los chicos están pidiendo bastante la pileta grande, de 6.500 litros. Hay opciones para todos los bolsillos: desde pelopinchos de G. 30.000, más sencillos y de un solo color, hasta modelos de G. 50.000, 60.000, 70.000 y 100.000. Las piletas grandes, con estructura y patitas, se encuentran desde G. 800.000, mientras que una inflable grande con forma de tina, muy de moda últimamente, cuesta G. 180.000. Como el resto, Dionisia también paga el canon. “Antes no nos cobraban, pero ahora todo cambió”, señala, aunque aclara que es “pagable”.
La “muñecas bebé”, que nunca pasan de moda
Continuando el recorrido, la oferta de regalos soñados se completa con las clásicas muñecas bebé desde G. 100.000, los autos a control remoto que cuestan G. 250.000, y los juguetes pequeños que se pueden conseguir desde G. 10.000. En esta gama, los más pedidos son los celulares con sonidos musicales y luces, maquillajes para nenas, el slime, que es una masa gelatinosa con la que los niños moldean formas, y que actualmente reemplaza a la plastilina. La variedad está pensada para ajustarse a cada bolsillo. Los juguetes inspirados en los personajes de la película “Las guerreras del K-pop”, son la sensación este año tanto para nenes como para nenas. Los vendedores nos explican que pueden mover sus brazos y piernas para imitar los pasos de baile, y cuestan a partir de G. 50.000, dependiendo del modelo. También vienen en blister con varios personajes en tamaño más pequeño, a un precio de G.100.000.
Más allá del interés en generar ganancias, en estas fechas, los vendedores son los primeros convencidos de que todo niño, por más humilde que sea su origen, merece recibir un regalito que le ilumine los ojos de alegría.
La noche avanza, pero en Eusebio Ayala el ritmo no baja. Las bolsas se siguen cargando y las esperanzas también. Año tras año, la tradicional avenida de los reyes vuelve a cumplir su papel: ser el puente entre el sacrificio de los padres y la magia que, al amanecer del 6 de enero, aparece junto a los zapatitos.



