En Luque y en San Lorenzo, dos familias sostienen desde hace más de siete décadas la tradición de armar el pesebre. Con prácticas heredadas, símbolos cuidados y un fuerte mensaje espiritual, abren sus hogares al público para compartir una costumbre que resiste al paso del tiempo.
Cada diciembre, cuando las calles empiezan a llenarse de movimiento, hay hogares donde el tiempo parece detenerse. Allí, entre figuras antiguas, plantas naturales y luces cuidadosamente colocadas, el pesebre paraguayo ocupa un lugar muy importante en la vida de las familias paraguayas más tradicionales.
En el barrio Bella Vista de Luque, sobre la calle Yrendagué casi Benigno González, la familia Sabaté mantiene una tradición que ya es parte de la identidad local. Su pesebre cumple esta Navidad 72 años de historia, un legado que fue pasando de generación en generación y que hoy convoca a visitantes no solo de distintas ciudades del país, sino también de localidades fronterizas como Clorinda, Formosa y Foz de Iguazú.
Arturo Sabaté explica que el pesebre, de ocho metros de frente por siete de fondo, no es solo una puesta en escena, sino un verdadero ritual familiar. En su casa, el Niño Jesús se coloca desde el momento del montaje final, ya acostado en su cuna y rodeado de la Sagrada Familia, como símbolo de una presencia permanente y viva.
“Para nosotros el pesebre es un vínculo de unión familiar”, señala. Esa misma idea se traslada a quienes llegan a visitarlo, con un mensaje claro: recuperar la costumbre de armar el pesebre en cada hogar. “Es una práctica que se fue perdiendo con el tiempo, y creemos que vale la pena volver a ella”, afirma el entrevistado.
El pesebre fue habilitado el 22 de diciembre, y está disponible para el público también este 24 de diciembre, de 18:30 a 23:00. El acceso es gratuito y quienes no puedan visitarlos en Nochebuena tienen tiempo de conocerlo hasta el 30 de diciembre.
La familia Sabaté considera esta apertura de su pesebre al público como una oportunidad de compartir la fe, la tradición y el encuentro de las familias.
Una vida dedicada a la tradición
A pocos kilómetros, en Reducto, San Lorenzo, la historia se repite con otra voz, pero con el mismo espíritu. Obdulia Fernández de Jara (86 años) elabora su pesebre desde que tenía apenas siete. Hoy, con menos fuerzas pero con la misma convicción, sigue levantándolo junto a sus seis hijos varones, que la acompañan sabiendo lo importante que es para ella mantener viva esta tradición.
Su pesebre tiene dos metros y medio de altura y tres metros y medio de fondo. Comienzan a elaborarlo el 12 de diciembre de cada año y se extiende por cerca de dos semanas, ya que además del armado minucioso se prepara una instalación eléctrica para iluminación. El uso de elementos naturales es parte esencial: el ka’avove’i, el pasto y otras plantas que la familia va a buscar de Capiatá.
Tradiciones con sello paraguayo
Las prácticas tradicionales se respetan. El Niño Jesús se coloca desde el inicio, y, el 6 de enero, los Reyes Magos pasan al frente para estar más cerca del recién nacido. Posteriormente, tanto los Reyes como las demás figuras dan media vuelta y comienzan a retirarse de a poco, dejando atrás la escena del nacimiento.
Muchas de las piezas que componen su pesebre guardan una historia propia: hay juguetes y figuras con más de 50 años, cargadas de recuerdos familiares. Para ella, el pesebre representa tradición y esperanza. “El mensaje espiritual es que esperamos el nacimiento de Jesús”, resume Obdulia, quien expresa mucha ilusión en que las familias visiten su pesebre.
El pesebre de Obdulia Fernández está abierto a todo público, en horario libre. Quienes quieran pasar estos días tienen tiempo hasta el 6 de enero. La dirección es Avenida de la Victoria casi Bosques del Paraguay
En Luque y en San Lorenzo, estos pesebres no solo decoran la Navidad. Son testimonios vivos de una tradición paraguaya que sigue encontrando sentido en la familia y la comunidad, y que, sin dudas, se mantendrá viva mientras haya manos dispuestas a compartirla.



