La incorporación de buses eléctricos al sistema de transporte público no solo introduce tecnología y nuevas formas de movilidad, sino que también abre espacio a una transformación silenciosa: la mayor presencia de mujeres en la conducción. Con experiencia, capacitación y oficio, ellas empiezan a ocupar un lugar visible en un rubro donde durante décadas fueron minoría.
Más allá del silencio del motor, la tecnología del tablero o la comodidad para los pasajeros, hay una imagen que resume el cambio ya que las mujeres al volante de unidades de gran porte, liderando recorridos que hasta hace poco parecían reservados casi exclusivamente a hombres.
Una de ellas es Idalina Peralta que vive en San Lorenzo y lleva diez años trabajando como conductora de colectivos. Su trayectoria no comenzó con los buses eléctricos, sino mucho antes, en un sistema tradicional marcado por largas jornadas, tránsito pesado y una exigencia constante de atención y temple. Hoy, su experiencia se proyecta en una nueva etapa del transporte público, donde la tecnología convive con el oficio.
Para llegar a esta instancia, Idalina y otras conductoras pasaron por un proceso de formación específica para el manejo de buses eléctricos. La capacitación incluyó aspectos técnicos, normas de seguridad y criterios de conducción eficiente. No se trató solo de aprender a manejar un vehículo distinto, sino de adaptarse a un sistema que exige precisión, lectura de datos y toma de decisiones en tiempo real.
La diferencia con un bus convencional, según relatan las propias conductoras, se siente desde el primer recorrido. La conducción es más suave, el nivel de ruido es mínimo y los sistemas de asistencia acompañan cada maniobra. Cámaras, pantallas y retrovisores digitales permiten una mejor visibilidad del entorno, algo clave en calles congestionadas y paradas con alta circulación de personas.
Otro punto destacado es la accesibilidad, los buses eléctricos cuentan con mecanismos que facilitan el ascenso y descenso de pasajeros con movilidad reducida o adultos mayores. Para quien conduce, esto implica una responsabilidad adicional y, al mismo tiempo, una herramienta concreta para mejorar el trato diario con los usuarios.
En los primeros días de circulación, muchos pasajeros se mostraron sorprendidos al ver a una mujer al mando de estas unidades. Los comentarios, en su mayoría positivos, mezclan curiosidad, reconocimiento y expectativas de que el servicio se mantenga y se cuide. Para las conductoras, esa respuesta funciona como un respaldo a años de trabajo en un rubro donde todavía persisten prejuicios.



