Locales

El pesebre de la familia Sánchez, un recorrido lleno de historia

Cada Navidad, la familia Sánchez Garay abre las puertas de su pesebre, una obra que lleva 100 años de historia y que se ha convertido en un emblema d…

| Por La Tribuna
Agregar La Tribuna en
El pesebre familiar que tiene 100 años de historia, conformado por un conjunto artístico que mide 13 metros de largo y cinco de profundidad; su construcción requiere de planificación, paciencia y un trabajo tesonero.

Cada Navidad, la familia Sánchez Garay abre las puertas de su pesebre, una obra que lleva 100 años de historia y que se ha convertido en un emblema de la comunidad de
Itauguá. Ramona Sánchez, de 68 años, cuenta cómo mantienen viva esta tradición familiar llena de dedicación, esfuerzo y amor.

En la ciudad de Itauguá, el pesebre de la familia Sánchez Garay no es simplemente una decoración navideña: es un símbolo de tradición, historia y devoción que atraviesa generaciones. Ramona Sánchez (68) cuenta con orgullo que toda su vida estuvo dedicada a la elaboración de este pesebre, que desde siempre fue considerado el más grande de la comunidad. Con el paso del tiempo, la fama de la familia creció, y hoy incluso paraguayos residentes en Buenos Aires viajan para contemplarlo cada diciembre.

El conjunto artístico mide 13 metros de largo y cinco de profundidad, y su construcción requiere de planificación, paciencia y un trabajo tesonero. “Los últimos detalles son los que más tiempo llevan”, explica Ramona, destacando la dedicación que implica cada pieza. La elaboración es un esfuerzo colectivo: todos los miembros de la familia dan su opinión sobre cómo debe lucir cada elemento. “Si no nos gusta, desmantelamos, este año ya lo desmontamos tres veces”, señala entre risas.

Las piezas varían en tamaño: algunas alcanzan 1,20 metros, otras 80 centímetros, mientras que San José y la Virgen, arrodillados, miden 90 centímetros. También hay figuras más pequeñas, de 30 centímetros, que complementan la escena. Cada pieza es adquirida a talentosos ceramistas, buscando siempre la calidad y la expresión artística que permitan dar vida a este paseo navideño.

Una visita inolvidable

Este año, la inspiración para el diseño fue “la cueva de Belén”, una construcción que permite a los visitantes recorrer y pasear por su interior. Dentro de esta cueva gigante se encuentran elementos cuidadosamente distribuidos: una cascada, un puente por donde avanzan los Reyes Magos y, finalmente, el nacimiento. Además, el pesebre recrea casas de la época, la posada donde llegaron María y José, y presenta a María con su embarazo. Todo está pensado para que quienes lo visiten puedan sumergirse en la historia.

Para Ramona, la importancia del pesebre va más allá de la fama que han adquirido, y resalta que no se trata de un negocio para ellos. “Es un gasto, sí, pero no es para lucrar; es netamente de agradecimiento familiar. Para nosotros es darle gracias al niño por un año que a veces es muy difícil, porque estamos todos y unidos, y eso es importante”, expresa.

El pesebre no solo refleja la habilidad artesanal de la familia, sino también la historia y los valores que la sostienen. Cada detalle, desde las figuras grandes hasta las más pequeñas, la distribución del espacio y la recreación de escenas bíblicas, muestra la dedicación que ponen en su tradición. Es un paseo que invita a la reflexión, la contemplación y la celebración de la Navidad.

Experiencia turística e histórica

Además de su tamaño y complejidad, el pesebre destaca por la interacción que ofrece a los visitantes. Es posible caminar entre las figuras, observar los detalles desde distintos ángulos y disfrutar de la majestuosidad de la cueva de Belén.

Cada año, Ramona y su familia enfrentan la tarea con entusiasmo y respeto por la tradición. El resultado final es una obra que trasciende lo familiar y se convierte en patrimonio comunitario, admirada por quienes visitan Itauguá durante la temporada de fin de año.

Con sus 100 años de historia, este pesebre es el reflejo de una vida dedicada a transmitir un mensaje de agradecimiento que se renueva cada diciembre. Quien lo recorre siente de primera mano el latido de una historia que une generaciones.

La familia Sánchez Garay se reúne año tras año para realizar este pesebre que ya se convirtióen una tradición y una experiencia turística para todo el país.

También te puede interesar

Últimas noticias