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Desde 1988, el oficio heredado que alimenta todos los días

Desde hace más de tres décadas, una vendedora histórica del Mercado 4 sostiene su puesto con trabajo silencioso, constancia y amor por un oficio here…

| Por La Tribuna
Después de cinco años, finalmente el poroto manteca bajó de precio en el Mercado N.o 4. Se pueden comprar pequeños paquetes a partir de G. 5.000.

Desde hace más de tres décadas, una vendedora histórica del Mercado 4 sostiene su puesto con trabajo silencioso, constancia y amor por un oficio heredado: la venta de legumbres. Entre el calor, el ruido y las jornadas largas, asegura que no hay otra opción que seguir luchando.
En la calle República de Colombia casi Perú, uno de los pasillos más transitados del Mercado N.º 4, donde el bullicio no se detiene y los olores se mezclan desde temprano, una mujer desgrana legumbres con la misma calma de siempre. Sus manos se mueven con destreza, casi de memoria y a la vez sin apuro. “Descascarar todo el día me relaja”, dice con una sonrisa sencilla, mientras separa las vainas de sus cáscaras ordenando no solo mercadería, sino también pensamientos.

Lleva sobre sus hombros más de 35 años de trabajo ininterrumpido, de madrugadas largas y tardes pesadas, calor intenso, días buenos y otros no tanto. El puesto que hoy la alberga primero perteneció a su mamá, otra vendedora histórica del mercado. Ella, por su parte, creció entre bolsas de porotos, mirando, aprendiendo el oficio casi sin darse cuenta.

Con el tiempo, el lugar pasó a ser suyo, pero el espíritu sigue siendo el mismo. Dice con convicción que si trabaja en el rubro es porque verdaderamente le apasiona. “Es un producto comestible y genera ganancias, porque sale todos los días”, explica.

Cuenta que, después de más de cinco años, por fin bajó el precio del poroto manteca de G. 70.000 a G. 40.000 el kilo. Esto permite que hoy, los vendedores puedan ser más generosos al cargar los paquetitos. Si busca poroto manteca en el mercado, actualmente se pueden encontrar bolsitas desde G. 5.000 y paquetes más grandes a G. 10.000.

Una forma digna y feliz de vivir

Enriqueta habla desde el convencimiento de quien encontró en su oficio una forma digna de salir adelante. Y, con la sabiduría simple de quien entiende del rubro mejor que cualquier estadístico, nos dice que su puesto no la hace rica, pero le permite vivir bien, y por sobre todo, feliz.

“En estas dos primeras semanas de diciembre se comenzó a sentir un poco más el movimiento”, dice, mientras acomoda la mercadería y saluda a clientes que la conocen desde hace años. Algunos compran y se van, pero otros se quedan a charlar. Y es que Enriqueta es parte del paisaje humano del Mercado N.º 4.

El calor es uno de los mayores desafíos. La falta de ventilación y el ir y venir constante hacen que las jornadas sean pesadas, sobre todo en verano. Pero ella elige no quejarse: “No hay de otra, hay que vender y luchar”, expresa, y resume en esa frase su filosofía de vida.

En tiempos donde todo parece acelerado, su trabajo invita a detenerse. A mirar las manos que sostienen la economía diaria, que construyen ciudad. Su deseo de fin de año es simplemente “seguir vendiendo”, como lo hace desde 1988, con la certeza de que, mientras haya alguien que necesite comer, siempre habrá legumbres para ofrecer.

Aún en los días más pesados de diciembre, Enriqueta mantiene la convicción de que vender también es resistir.

La tranquilidad de Enriqueta se contrapone al caótico ajetreo del Mercado N.o 4.

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