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Leandro Galeano: constancia y oficio que resisten al tiempo

Comerciante de panificados desde hace más de cuatro décadas, Leandro Galeano mantiene su puesto pese al calor, la rutina y la baja de ventas de produ…

| Por La Tribuna-
Inevitablemente, la vida personal de Leandro está muy vinculada a su trabajo, pues su esposa, fallecida hace cuatro años, era su compañera en la venta diaria.

Comerciante de panificados desde hace más de cuatro décadas, Leandro Galeano mantiene su puesto pese al calor, la rutina y la baja de ventas de productos tradicionales como el pan dulce. Su historia habla de paciencia y dedicación.
Hace 45 años, Leandro Galeano comenzó a vender panificados en el Mercado 4. Hoy, con el mismo rubro y la misma pasión, sigue en el puesto que lo vio crecer como comerciante. “Mi rubro es la panadería, siempre”, dice con un suspiro que, a primera impresión, denota cierto cansancio, pero que en realidad refleja la firmeza de quien eligió este camino y lo ha mantenido sin pausa. “Hace 45 años que tengo mi puesto acá, y me gusta, por eso estoy acá”, expresa.

El pan dulce, producto estrella de los panificados en temporada de fin de año, está ausente en el negocio de Leandro, pero él tiene plenamente justificado su motivo: curiosamente, casi no se vende en el mercado. “En algunos lugares hay, pero pocos quieren venderlo, porque viene muy caro y la gente quiere comprar barato”, comenta. Fernando Rodríguez, otro vendedor de esa misma zona, coincide con él y confirma: “No se vende más pan dulce, no hay ventas; pasa lo mismo con la sidra. Se podría dar un repunte de ventas si paran las rencillas políticas”, opina. En cuanto a los demás panificados, la clásica galleta se oferta en su negocio a G. 8.000 el kilo, mientras que el pan Felipe se puede comprar a G. 6.000 el kilo. El muy solicitado coquito de manteca por kilo se puede conseguir desde G. 16.000.

Proveedor de pancheros y hamburgueseros

La rutina de Leandro está marcada por la disciplina y el esfuerzo diario. Aún con el calor y los años, mantiene su puesto para atender a los clientes y proveer de pan a los pancheros, pues la esquina de República de Colombia y Battilana es uno de los puntos de referencia del Mercado en cuanto a la venta de panchos y hamburguesas.

Para Leandro ya se siente un poco más el flujo de clientes, aunque reconoce que algunos productos siguen muy caros. En fechas especiales, como el 24 y el 31 de diciembre, trabaja hasta la noche para cumplir con su obligación desde hace cuatro décadas: surtir a los pancheros, a quienes considera como sus hijos.

Su vida personal también ha estado entrelazada con su oficio. “Mi señora falleció hace cuatro años y me quedé solo. Ella se quedaba acá y yo en la esquina; nos dividíamos en forma estratégica. A pesar de eso, igual sigo el rubro”, cuenta.

El trabajo como valor personal

Entre pérdidas y responsabilidades, Leandro logró mantener la constancia que caracteriza a quienes aman lo que hacen.

En un mercado que cambia, con ventas fluctuantes y productos tradicionales que desaparecen, la historia de Leandro Galeano es un testimonio de paciencia, perseverancia y dedicación. Su puesto, su rubro y su rutina muestran que hay valores que van más allá de la ley de la oferta y la demanda.

El caótico día a día del Mercado N.o 4 durante el mes de diciembre pone a prueba la resistenciade vendedores y compradores.

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