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Un padre pedalea hace 9 años para agradecer por la salud de sus hijos

Gustavo Giménez salió de Capillita, Nueva Londres, a las 02:00, en su ya inseparable bicicleta, para cumplir por noveno año consecutivo su promesa a …

| Por La Tribuna
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Al llegar a la Basílica, Gustavo se postra en el suelo y agradece a la Virgen por haber tenido un buen viaje.

Gustavo Giménez salió de Capillita, Nueva Londres, a las 02:00, en su ya inseparable bicicleta, para cumplir por noveno año consecutivo su promesa a la Virgen de Caacupé. Sus hijos, que superaron graves problemas respiratorios y cirugías desde pequeños, hoy son el motor que impulsa cada kilómetro de camino.

Desde la localidad de Capillita, Nueva Londres, a 80 kilómetros de la Basílica Santuario de Caacupé, cerca del peaje del km 125 de la Ruta PY02, Gustavo Giménez comenzó su peregrinación a las 02:00. Pedaleando sin parar, producto de un entrenamiento previo de dos meses, avanzó a velocidad considerable y logró llegar junto a la Virgen en seis horas.

Su familia lo acompañó, pero en vehículo. No quiso someter a su esposa Elisa y a sus hijos a este que considera su sacrificio personal como cabeza de su hogar. Aun así, los suyos estuvieron allí, puntualmente para la misa de las 07:00, acompañando a papá en esta travesía silenciosa, pero constante.

El viaje lo conoce de memoria: hace nueve años que llega al Santuario de la Virgen de Caacupé en la misma bicicleta. Pero, aunque es largo el tiempo de agradecimientos acumulados, eso no significa que el cuerpo no experimente el mismo desafío físico que implica el recorrido.

Un pasado de mucha angustia

Cuesta, pero el motivo que lo mueve es más grande. Gustavo agradece por la salud de sus hijos. Aunque lo expresa en forma simple, el trasfondo de la historia es de mucha angustia y dolor.

Su hija mayor y su segundo hijo pasaron por varias cirugías debido a problemas respiratorios. Fueron tiempos difíciles, de hospitales y miedos, que dejaron una huella en la familia. Fue allí cuando Gustavo le hizo a la Virgen la promesa de que si su hijos se salvaban, nunca dejaría de venir anualmente a visitarla en bicicleta. Hasta ahora no falló, y no piensa hacerlo sobre todo cuando mira a su familia sana y bien constituida.

La diferencia entre la promesa que hizo antes y la que sigue cumpliendo ahora es que en este presente ya no hay dolor: su acto se transformó en un ritual de gratitud.

Sus hijos, que hoy tienen 19, 13, 10 y 6 años, aprendieron a vivir la fe mirándolo y en ese camino se hicieron muy devotos desde su corta edad.

Niños devotos desde su corta edad

Llama poderosamente la atención la quietud de los chicos mientras escuchan la misa. Elisa Oliva, esposa de Gustavo y madre de esta familia, dice que todos los niños fueron enseñados y por eso acompañan la tradición con emoción. Para ella, la experiencia de llegar a Caacupé es única. “Se siente la bendición durante todo el año cuando uno vuelve a su casa”, resume, como quien entiende que hay algo más grande que la fatiga o el cansancio.

Gustavo, en tanto, entrena todo el año para soportar el viaje. Le tomó seis horas llegar y solo descansó una vez en Kurusu Mayor. El trayecto exige cuerpo, pero también voluntad, por lo que para lograr su objetivo tuvo que hacer una "pretemporada" y así ganar mayor resistencia.

Al consultársele si pertenece a un grupo de ciclistas, cuenta que no se ha unido no porque no quiera compartir, sino porque las condiciones de vida y trabajo no siempre lo permiten. Él y Elisa son docentes; trabajan todo el día y ajustan los tiempos como pueden.

Sonriente, Gustavo mira a sus hijos y los abraza para recibir la bendición final del obispo. Sin decir nada más, en su mirada se evidencia que ellos son el motivo por el que este hombre vuelve a subirse a la bicicleta año tras año.

Lo que alguna vez temió perder, la espiritualidad se lo devuelve en cada pedaleo y en cada kilómetro que avanza su fe se hace más fuerte.

Gustavo Giménez y Elisa, junto a sus hijos, felices de haber llegado junto a la Virgen de losMilagros de Caacupé.
Gustavo Giménez y Elisa, junto a sus hijos, felices de haber llegado junto a la Virgen de losMilagros de Caacupé.
Gustavo Giménez y Elisa, junto a sus hijos, felices de haber llegado junto a la Virgen de losMilagros de Caacupé.
Gustavo Giménez y Elisa, junto a sus hijos, felices de haber llegado junto a la Virgen de losMilagros de Caacupé.

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