Ignacio “Nacho” Acosta Carvallo, conocido comerciante de Puente Kyjhá, volvió a ponerse en camino rumbo a la capital espiritual del país. A primeras horas del lunes partió desde su ciudad llevando sobre los hombros una pesada cruz de madera, decidido a llegar a Caacupé caminando, igual que el año pasado. Es el segundo año consecutivo en que cumple la promesa que hizo a la Madre Santísima, un gesto de fe que ya empieza a ser parte del paisaje humano del camino a la Basílica.
Según relató al diario Extra, la cruz que carga pesa alrededor de 10 kilos y el trayecto supera los 270 kilómetros, una distancia que exige varios días de marcha, resistencia física y, sobre todo, una enorme convicción interior. Nacho inició su peregrinación de madrugada, cuando la ruta aún está en silencio y el sol no castiga, avanzando paso a paso entre oraciones, mates y saludos de los vecinos que lo reconocen y lo animan a seguir.
La imagen de este hombre caminando con la cruz al hombro sintetiza el espíritu de muchas promesas que cada año se renuevan en torno a la festividad de Caacupé. No se trata solo de llegar a destino, sino de ofrecer el esfuerzo, el cansancio y las ampollas como agradecimiento por favores recibidos o como pedido por la salud y la protección de la familia. En el caso de Ignacio, su historia se hizo conocida el año pasado, cuando realizó por primera vez el mismo recorrido como pago de una promesa especial a Tupãsy Caacupé. Este 2025 decidió repetir la experiencia, ya no solo como promesero, sino también como testimonio público de gratitud.
A lo largo del camino, Nacho va acompañado por su fe y por el cariño de la gente. Automovilistas que bajan la velocidad para saludar, familias que se acercan con agua fresca o algo de comida, y otros peregrinos que comparten un tramo de ruta hacen que la marcha no sea un acto solitario, sino comunitario. El peso de la cruz se vuelve un poco más liviano cuando alguien se ofrece a sostenerla unos metros o simplemente a caminar a su lado.
Su gesto también recuerda la importancia de la preparación y el cuidado en estas largas caminatas de fe: calzado adecuado, hidratación constante, descansos a la sombra y, en lo posible, controles médicos previos. La fe mueve montañas, pero escuchar al cuerpo es una forma de honrar el regalo de la vida que muchos peregrinos agradecen precisamente en Caacupé.
Mientras avanzan los días y Nacho se acerca a la Basílica, su historia se suma a la de miles de creyentes que llegan de todos los rincones del país. Algunos van en silencio, otros rezan el rosario, otros cantan; él eligió hacerlo con una cruz de madera, visible, sencilla y pesada, que resume el camino interior que viene recorriendo desde hace dos años.
Cuando finalmente pise el atrio del templo azul, Ignacio cerrará un nuevo capítulo de su promesa. Habrá caminado cientos de kilómetros desde Puente Kyjhá hasta Caacupé, habrá soportado el sol y la lluvia, y habrá demostrado una vez más que la devoción popular sigue viva y se renueva en gestos concretos. El próximo año, nadie se sorprenderá si vuelven a verlo por la ruta, cruz al hombro y mirada serena, rumbo a la casa de la Virgen.


