Ricardo Agüero es licenciado en topografía pero dejó su carrera para atender el puesto de su papá, que sufrió un derrame cerebral. Nos recibe en su lugar de ventas en el Mercado N.º 4 y nos cuenta cuáles son los adornos navideños que subieron de precio este año. Además, nos comparte su técnica para sobrellevar el intenso calor de los días más ajetreados antes de las fiestas.
Sobre la calle República de Colombia casi Battilana, una banda sonora sobrepasa el bullicio de comerciantes que ofertan sus productos a los marchantes.
No es la música tropical característica que anima a estas angostas calles, es la melodía proveniente de las luces navideñas que ya se exhiben en los diferentes puestos a la espera de los compradores.
Por su belleza y colorido, llaman inevitablemente la atención de todo aquel que pasa por esta zona en las semanas previas a la Navidad.
Que estén ofertadas en el Mercado N.º 4 no significa que sean de menor calidad que las que se venden en los mejores centros comerciales de la capital. Los vendedores nos aseguran que las luces de este año tienen calidad led y resisten a las lluvias.
Hay variedades para todos los gustos y presupuestos, pues la alegría de la Navidad merece llegar a cada hogar paraguayo más allá de su poder adquisitivo.
Ricardo Agüero ordena la mercancía en su puesto y nos cuenta que su rubro durante el año es el de los remedios yuyos, las pomadas a base de medicina natural, las medias y los artículos de bazar en general.
Un sueño que quedó atrás por amor
Antes de hablar de los productos que ofrece, nos cuenta que estudió topografía, pero tuvo que dejar de lado la carrera cuando su padre sufrió un derrame cerebral y, para no dejar el negocio en otras manos, decidió hacerse cargo del puesto.
Con sacrificio y dedicación, lo acompañó hasta su recuperación y, hoy, agradece a la vida porque su papá vive y camina como en los viejos tiempos.
“Yo renuncié a mi facultad, fue un sacrificio, pero igual le agradezco a Dios que me dio la oportunidad de trabajar en algo relacionado a mi carrera durante cinco años”, comentó Ricardo.
Reconoce que en las ventas se gana mejor y, además, se siente satisfecho de poder retribuir el amor y el cuidado que le dieron sus padres mientras crecía.
“Gracias a que tuve esta actitud con mis padres, me salen bien las cosas, vendo mucho, tengo muchos clientes. La venta no es ingrata conmigo y compensa”, expresó.
Para llegar con una gran variedad de adornos y al mejor precio, Ricardo se prepara en agosto, comprando mercancías poco a poco.
“En este puesto me coloco en octubre. Normalmente, mi lugar de ventas es unos metros más allá, pero este lo alquilo en forma estratégica para captar más clientes”, contó.
Dice que la mayor parte de la clientela interesada en adornos navideños comienza a aparecer en forma masiva después del 8 de diciembre, por lo que la esperanza de lograr una buena recaudación este año está latente.
En el puesto de Ricardo se pueden encontrar luces navideñas desde G. 15.000 hasta G. 150.000.
Una dificultad que también afrontan los comerciantes en estas semanas previas a las fiestas es el intenso calor, al que aprendieron a respetar y no subestimar.
“Acá parece que no entra el sol, pero tampoco entra el viento y hace mucho calor. Hay gente que suele desmayarse, pero en mi caso aprendí a conocer mi cuerpo. Si me paro en el sol para vender, no puedo ir después a mojarme la cabeza porque es peor; me puede agarrar insolación”, dice Ricardo, quien nos comparte así su técnica para sobrellevar el verano paraguayo como comerciante.
Los días más intensos todavía no llegaron, pero en los pasillos del Mercado N.º 4 el ambiente navideño ya se percibe y exige el 100% a los vendedores. El sueño es simple: que todo el esfuerzo hecho durante el año 2025 sea retribuido por los clientes con buenas compras.




