En 2024, el 17,02% de las mujeres adultas vivía en condiciones de pobreza, frente al 14,56% de los hombres. La brecha entonces quedaba de la siguiente manera: por cada 100 hombres adultos pobres, 117 mujeres están en la misma situación.
La diferencia se vuelve más pronunciada en áreas rurales, donde la pobreza extrema golpea con mayor fuerza, por cada 100 mujeres pobres en zonas urbanas, existen 178 mujeres pobres, lo que muestra una desventaja combinada por género y territorio.
Formación en aumento, oportunidades insuficientes
El boletín también confirma una singularidad que ya se viene observando en la última década. Aunque las mujeres logran mejores niveles de formación académica y eso incluye el doble de títulos terciarios otorgados por el Ministerio de Educación y Ciencias a mujeres en comparación con hombres, esto no se traduce en mejores oportunidades laborales ni en independencia económica.
En 2024, el 42,26% de las mujeres adultas no percibía remuneración, más del doble que los hombres (17,73%). La causa principal es que el trabajo doméstico y de cuidados recae de manera abrumadora y directa sobre ellas.
Casi dos de cada tres mujeres sin remuneración están en esa situación debido a tareas del hogar o por motivos familiares. En el caso de los hombres, esa cifra apenas llega al 8,43%, que traduce a una distribución desigual que sigue determinando quién puede acceder al empleo formal y quién queda relegado a un trabajo invisible y sin valor económico.
A esto se suma la brecha salarial del 23% a favor de los hombres, registrada en 2024. Incluso cuando acceden al mercado laboral, las mujeres ganan menos en todos los rubros analizados.
Representación limitada en la política
El boletín destaca que solo el 25% de los 6.889 cargos políticos electos vigentes está ocupado por mujeres. La falta de representación incide directamente en la construcción de políticas públicas que atienden, o no, las necesidades de la población femenina.
Sin presencia en los espacios de decisión, los intereses de las mujeres siguen subrepresentados, lo que profundiza los círculos de exclusión.
Violencias que se agravan
La violencia familiar sigue siendo una de las expresiones más alarmantes. En 2024 se registraron 37.926 víctimas, lo que equivale a un promedio de 3.161 por mes o cuatro víctimas por hora.
La reiteración del fenómeno demuestra que los mecanismos de protección siguen siendo insuficientes. La dependencia económica, la falta de acceso a oportunidades y la ausencia de respuesta estatal oportuna dificultan que muchas mujeres puedan salir de situaciones de violencia.
La expresión más extrema de esa violencia es el feminicidio
Entre 2017 y octubre de 2025 se registraron 361 feminicidios en el país. Como consecuencia directa, 536 niñas, niños y adolescentes quedaron directamente en situación de orfandad materna. En 2024, las víctimas fueron 31 mujeres, incluidas tres adolescentes.
El boletín también resalta algunos casos emblemáticos de este año y remarca que volvieron a exponer vacíos estructurales en cuanto a la prevención, la respuesta tardía y la ausencia de políticas integrales.




