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Botón de pánico repele a asaltantes y da tranquilidad a vecinos en MRA

Los vecinos trabajan en forma coordinada y solo presionan el botón de pánico cuando es estrictamente necesario.

| Por La Tribuna
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La sirena comunitaria suena a un volumen considerable y amedrenta cualquier intención de hurtar que tengan los delincuentes.

Un sistema de sirenas comunitarias funciona desde hace poco en el barrio Central de Mariano Roque Alonso. Cada vez que un vecino ve a un sospechoso en la zona, inmediatamente presiona el botón de pánico y se activa la bocina que suena a alto volumen, repeliendo cualquier intento de delito. Vecinos aseguran que la iniciativa mejoró la sensación de seguridad.

Son las 20:30 y una estudiante universitaria camina sola por la calle Platanillo del barrio Central de Mariano Roque Alonso. Al girar en la esquina de Nanawa, faltando dos cuadras para llegar a su casa, un hombre comienza a seguirla. Javier Viveros, su vecino, ve la situación desde su casa y se apresura a presionar el botón de pánico que tiene en su control.

Dos segundos después, la sirena que está en un poste en la esquina comienza a sonar a muy alto volumen. Al escuchar el sonido, el hombre se aleja corriendo y la chica puede llegar a su casa a salvo.

El vecino que activó la alarma avisa en el grupo de Whatsapp el motivo por el que presionó el botón. En este grupo también está pendiente el comisario Pedro Espínola, quien manda una patrulla lo antes posible. Así se logra repeler un intento de asalto en este populoso barrio.

Javier Viveros es el presidente de la Comisión Vecinal Familias Unidas y representa a Mariano Roque Alonso en el Consejo Nacional de Seguridad del Ministerio del Interior. Pero no solo él tiene el control; hay uno en cada casa de las 150 familias que están incluidas en este proyecto de seguridad ciudadana.

Los vecinos que se acercan a nuestro equipo de prensa sostienen que desde hace aproximadamente un año, cuando se instalaron estos botones de pánico, disminuyó la cantidad de “chespis” en la calle y, por ende, bajó la cifra de asaltos.

Pero el panorama no siempre fue tan tranquilo en el barrio Central. Antes, los asaltos ocurrían cada noche, ocasionando daños materiales a la gente más humilde.

Asaltos eran reiterativos

Catalina Martínez, antigua vecina y comerciante del barrio, fue asaltada cinco veces en los últimos cuatro años, pero la última vez el perjuicio fue mayor. Los malvivientes rompieron la puerta de su kiosco y ya estaban a punto de llevar todas sus mercaderías, cuando los vecinos los atraparon infraganti y evitaron el hurto.

Después de ese episodio, se instalaron las sirenas comunitarias y Catalina se siente mucho más tranquila en su puesto en el que se gana el sustento.

Según el concejal Julián Vega (ANR), proyectista del sistema, fue una visita a la ciudad argentina de Tigre la que inspiró comenzar esta gestión en la ciudad. El sistema no solo se limita a los botones de pánico en un solo barrio, sino que se pretende construir un centro de monitoreo que funcionará dentro de la Municipalidad, desde donde se pretende controlar permanentemente las 200 cámaras de circuito cerrado que se tienen en las calles de esta ciudad. De esta manera, se apunta a perfeccionar la seguridad.

Javier Riveros nos cuenta que el primer botón de pánico se instaló en el año 2018 y hoy día se tienen 21 de estos dispositivos solo en barrio Central, más otros nueve en otros barrios, totalizando 30 sirenas comunitarias en toda la ciudad. Además, 17 barrios de Mariano tienen cámaras de seguridad.

Pese a que se avanzó en la adquisición de equipos, el sistema aún se considera un plan piloto que se pretende culminar dentro de dos años, ya con el centro de monitoreo instalado.

Vecinos creen que inversión valió la pena

Ireneo Irrazábal, otro vecino del barrio Central, dijo que nota menor cantidad de “chespis” y rateros en las calles. “Cuando se activa la sirena, la Policía llega a los cinco o 10 minutos, y así ya atraparon a varios asaltantes. Valió la pena la inversión, me siento más tranquilo por mis hijos”, dice el poblador, quien contribuyó económicamente y con las actividades de recaudación que se hicieron para comprar el equipamiento.

Todo lo que se compró para instalar este sistema es producto de la autogestión de los vecinos, que vendieron comida hasta reunir G. 35 millones para la adquisición de las 21 sirenas.

Otro objetivo de los roquealonseños es que las plataformas de viajes vuelvan a ingresar a los barrios, pues últimamente se niegan a llevarlos a sus casas debido a que en el mapa de las aplicaciones todo Mariano es “zona roja”.

El panorama es preocupante si se considera que las empresas de transporte público del área metropolitana tampoco entran a la ciudad por el pésimo estado de las calles y deben depender de buses internos que circulan en forma inconstante.

Para complementar las sirenas comunitarias todavía son necesarias cámaras que permitirán identificar a los sospechosos, más allá de solo amedrentarlos.

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