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El obispo de Caacupé llama a “restaurar la dignidad del trabajo”

El monseñor Ricardo Valenzuela centró su mensaje en el valor del trabajo como camino de dignidad y justicia social. Llamó a la solidaridad activa y a…

| Por La Tribuna
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El monseñor Ricardo Valenzuela centró su mensaje en el valor del trabajo como camino de dignidad y justicia social. Llamó a la solidaridad activa y a promover oportunidades para todos, en sintonía con la Jornada Mundial de los Pobres.

El obispo de Caacupé, monseñor Ricardo Valenzuela, desde el inicio centró su homilía en el tema que consideró esencial para este tiempo relacionado a la dignidad del trabajo. Recordó la enseñanza de san Pablo: “El que no trabaja, que no coma; y el que trabaja, que coma”, para subrayar que la labor es parte constitutiva de la vida humana y no un castigo.

Advirtió que el Evangelio de la jornada, aunque menciona guerras, terremotos y calamidades, no anuncia pesimismo, sino esperanza. “Jesús trajo la posibilidad de vencer mediante la fe”, dijo, y remarcó la promesa del Señor.

Valenzuela recordó que la apariencia del mundo es pasajera y exhortó a mantenerse vigilantes, como “peregrinos en camino” y no como quienes permanecen inmóviles criticando. Explicó que en la comunidad cristiana primitiva algunos interpretaron erróneamente la inminencia del fin como un motivo para abandonar sus responsabilidades. Frente a eso, san Pablo insistió en la necesidad de trabajar con paz y honestidad, aportando cada uno lo que puede.

El obispo repasó el ejemplo concreto del apóstol, quien se sostuvo con su oficio de tejedor para no ser carga para nadie, en una época en la cual el trabajo manual era despreciado. En contraste, resaltó que la Biblia presenta a Dios mismo como modelo de labor, creador durante seis días y descansando en el séptimo, estableciendo así la dignidad del trabajo y del descanso.

Conflictos actuales de la vida social, según el obispo

El primer punto mencionó la desocupación, que genera frustración, dependencia, pérdida de autoestima y graves tensiones familiares. Pidió a los cristianos “levantar la estima del que no encuentra empleo, crear un ambiente de responsabilidad y solidaridad, y apoyar reformas que reduzcan esta plaga”.

Presentó como segundo inconveniente al “supertrabajo”, cuando la búsqueda de ingresos se vuelve un ídolo que absorbe todo el tiempo y desplaza a la familia, la vida espiritual y la salud. “El trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo”, advirtió. Señaló que el exceso de horas también quita oportunidades a otros y alimenta desigualdades.

Pidió equilibrio, capacidad de decir basta y valorar el descanso como parte de la voluntad de Dios. “Mi familia me necesita a mí antes que a mi dinero”, recordó.

Finalmente, elogió a los “buenos empresarios” que priorizan la justicia laboral y cuidan a sus trabajadores como a sus propios hijos. Encomendó a la Virgen de los Milagros la lucha por empleos dignos y suficientes. “Ojalá salgamos movilizados para que a nadie le falte el pan de cada día ni el trabajo que construye dignidad”, afirmó.

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