“Un poco por miedo, otro poco porque se me necesitaba o creo que se me necesitaba, he sobrevivido hasta hoy y será hasta el lunes o martes. Temo que el Seconal no me haga el efecto deseado. Pero creo que ya nada puedo hacer. Hoy me siento más aniquilado y quienes viven junto a mí no lo creen o acaso sea más psíquico que orgánico. Da lo mismo. (...) Tengo 55 años. He vivido bastante más de lo que creí”.
José María Arguedas
(10 de abril de 1966)
¿Por qué se suicida un escritor, una escritora, querido lector?, o ¿qué es lo que lleva a una persona que ha consagrado su vida a la literatura a quitarse la vida? Dicen los necios y zotes que quienes se suicidan son cobardes. Eso es algo que he escuchado en repetidas ocasiones. Realmente yo creo que el acto de suicidarse implica un enorme acto de valentía y coraje, porque para quitarse la vida descerrajándose un tiro en la sien o en la boca, arrojándose a las frías aguas de un río o del mar, envenenándose ingiriendo barbitúricos o con monóxido de carbono, o cortándose las venas en una bañera con agua caliente, etc., hay que tener, simplemente, “redaños”. Al que piense lo contrario no tendré más remedio que ponerle encima de la testa un capirote que diga “jumento”.
¿Quién no ha pensado alguna vez en quitarse la vida desesperado por alguna situación adversa? Yo creo que muchos, aunque evidentemente no pienso que suicidarse sea la mejor de las opciones, pero es una opción, y hay que estar en la piel de una persona para entender por qué se llega a esa opción tan radical y triste, muy triste. Muchos escritores decidieron poner fin a sus vidas suicidándose, y, lamentablemente, lo lograron con éxito. Y no estamos hablando de cualquier escritor o escritora, sino de grandes escritores que nos dejaron un legado literario universal para la eternidad.
Larga lista
La lista de escritores y escritoras que se suicidaron es bastante extensa y causa una gran desazón emocional y un gran desasosiego espiritual; sin embargo, por cuestiones de espacio he tenido que reducirla. El primero en mi lista es Thomas Chatterton (1752-1770), un joven poeta del prerromanticismo inglés que utilizó el pseudónimo de Thomas Rowley para sus poemas y otros escritos, incluyendo obras literarias espurias. La versión oficial sostiene que las penurias económicas que sufría Chatterton en Londres y otros factores como la “melancolía” (depresión) o la frustración por no lograr el éxito y el reconocimiento esperado lo llevaron con 17 años a suicidarse tomando arsénico.
El segundo de mis candidatos es Mariano José de Larra (1809-1837), uno de los mayores exponentes del Romanticismo español junto con Gustavo Adolfo Bécquer, José de Espronceda, Rosalía de Castro y José Zorilla y Moral. Larra se suicidó pegándose un tiro en la sien dos semanas antes de cumplir los 28 años. El cuerpo ensangrentado fue encontrado por su hija Adela. Es posible que el abandono de su amante, Dolores Armijo, por la que Larra sentía una gran pasión o su desencanto por la situación política, social y moral de España lo indujeran trágicamente a ello.
Takeo Arishima (1878-1923)
Fue un escritor japonés que se dejó influir a lo largo de su vida por dos corrientes ideológicas: el cristianismo y el socialismo. Dos de sus obras más notables se titulan Los descendientes de Caín (1917), que cuenta la historia de un campesino y su relación con Dios y la naturaleza, y Una cierta mujer (1919), que se centra en la historia de una mujer y su cambio de rol en una sociedad japonesa hipócrita y patriarcal de finales del período Meiji y del período Taishō.
En 1910 Takeo Arishima contrajo matrimonio, pero su esposa falleció como consecuencia de la tuberculosis que sufría en 1916. Algunos años más tarde, en 1922, el escritor japonés conoció a Akiko Hatano, editora de la revista Fujin Koron, y ambos tuvieron una relación sentimental a pesar de que Hatano estaba casada. Cuando el marido de ella descubrió la infidelidad, Arishima y Hatano se ahorcaron en Karuizawa, poniendo así fin a sus vidas. Arishima tenía 45 años.
Virginia Woolf (1882-1941)
Fue una escritora inglesa muy prolífica que escribió piezas teatrales, cuentos y novelas. Las obras más notorias de esta escritora son La señora Dalloway (1925), Orlando (1927) y Las olas (1931). Woolf sufría de constantes cambios de humor, inestabilidad emocional y, probablemente, de trastorno bipolar. Al terminar su novela Entre actos, la escritora tuvo un fuerte brote de depresión motivado, quizá, por factores como el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, la destrucción de su casa londinense durante el bombardeo, o el hecho de que la biografía sobre el artista y crítico literario inglés miembro del grupo de Bloosmbury Roger Eliot Fry no tuviese la recepción que ella esperaba. El 28 de marzo de 1941 Virginia Woolf se suicidó arrojándose al río Ouse. Murió con 59 años. Sus restos incinerados reposan en Rodmell, Sussex (Inglaterra).
Alfonsina Storni (1892-1938)
A la desdichada Virginia Woolf le sigue en mi lista la hermosa y sensible Alfonsina Storni (1892-1938), autora argentina de libros de poemas intimistas, sensuales y líricos como La inquietud del rosal (1916), El dulce daño (1918) o Mascarilla y trébol (1938). Al enterarse del cáncer de mama que padecía, Alfonsina Storni comenzó a caer en una depresión que fue agravándose con el paso del tiempo, y el 25 de octubre de 1938 se suicidó con 46 años en la ciudad de Mar del Plata arrojándose de la escollera del Club Argentino de Mujeres.
No menos trágica fue la temprana muerte del poeta ecuatoriano Arturo Borja Pérez (1892-1912). Este poeta modernista escribió el poemario La flauta de ónix (publicado póstumamente en 1920). Se trata de una bellísima obra literaria que contiene unos 28 poemas que abordan temas como la melancolía, la tristeza, la desesperación, la presencia de lo onírico y la muerte. Sus poemas, que poseen un intenso carácter simbolista, están influidos por poetas franceses como Verlaine o Baudelaire. Borja está encuadrado en la denominada Generación Decapitada, llamada así porque sus integrantes se suicidaron siendo muy jóvenes. Arturo Borja, que tenía una visión de la vida muy pesimista y desencantada, se quitó la vida en Quito el 13 de noviembre de 1912 con solo 20 años ingiriendo una sobredosis de morfina.
Ernest Hemingway (1899-1961)
Fue otro escritor que decidió poner fin a una vida llena de aventuras y éxitos literarios y si me preguntas, mi querido lector, qué obra suya me gustó más, te diré simple y llanamente y sin dudarlo El viejo y el mar.
Es la historia y la obra con la que más me identifiqué e identifiqué al ser humano, sobre todo por los numerosos temas que aborda el autor norteamericano en esta novela corta: la lucha incansable del hombre contra la naturaleza y sus elementos, la perseverancia, la soledad, la existencia y la muerte. El 2 de julio de 1961 el escritor se metió el extremo del cañón de una escopeta en la boca y se suicidó con 61 años. Una de las cosas que dijo Hemingway es que la parte más difícil de ser adulto es tener que seguir adelante, especialmente cuando uno se siente completamente roto en su interior.
Es el turno cronológicamente de Karin Boye (1900-1941), una poetisa, novelista y traductora sueca. La obra que más sorprendió de ella fue Kallocaína, una novela distópica de 1940 que proyecta un estado mundial totalitario que recuerda mucho al concepto del Nuevo Orden Mundial, el cual persigue la subordinación del individuo a un Estado en el que todos sigan una línea de vida común en términos de una economía capitalista, consumista, alienada y global. Boye se quitó la vida a la edad de 40 años tras ingerir somníferos el 23 de abril de 1941. Boye fue casi siempre una persona depresiva con profundos conflictos personales asociados a su bipolaridad e identidad sexual y por qué no, a la búsqueda del sentido de la vida y a sus crisis religiosas.
Cesare Pavese (1908-1950)
Se suicidó también, querido lector, y fue una gran pérdida para la literatura. Sus novelas están dotadas de personajes que han elegido la soledad como modo de vida y cuyas relaciones con otros seres humanos son transitorias y marcadas por la superficialidad. La novela que más me gusta de este escritor es La luna y las hogueras (1950), la historia de un hombre conocido como Anguila que regresa a su pueblo, Santo Stefano Belbo, veinticinco años después de haberse marchado a los Estados Unidos.
Allí se encuentra que sus habitantes han cambiado como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial y el paso del tiempo. Pavese se suicidó ingiriendo una sobredosis de pastillas el 27 de agosto de 1950 en una habitación del hotel Roma en Turín a los 41 años de edad. Cesare había padecido de depresión casi toda su vida, y a eso sumamos cómo se sentía el autor al caminar por la vida: vacío, desilusionado de todo, adolorido, triste, impregnado de pesimismo, solo, incomprendido, y con su corazón quebrado debido a sus fracasos amorosos.
José María Arguedas (1911-1969) fue otra triste pérdida para la literatura. Este escritor peruano escribió cuentos y novelas, y es considerado uno de los grandes novelistas del siglo XX. Dos de sus mejores novelas llevan por título Los ríos profundos, publicada en 1958, y Todas las sangres,publicada en 1964. Una profunda depresión lo llevó a dispararse un tiro en la cabeza en los baños de la Universidad Agraria el 28 de noviembre de 1969, falleciendo algunos días después el 2 de diciembre de ese mismo año con 58 años.
A Arguedas le sigue John Berryman (1914-1972)
En la penumbra de mi lista. Él es uno de los mejores poetas confesionales dentro de la literatura norteamericana, esto es, uno de esos bardos que sin tapujos abordan temas sensibles como la sexualidad y la enfermedad mental. Su padre, que era banquero, se suicidó cuando aquel apenas tenía 10 años. Este episodio lo marcó profundamente toda la vida.
Las obras que recibieron mejores críticas fueron Homage to Mistress Bradstreet (1956) y Dream Songs (que aparecieron en serie a partir de 1964). Barryman padecía de alcoholismo y depresión, lo que hizo que, en 1972, con 57 años, se suicidase tirándose por el puente de la Avenida Washington en Minneapolis (Minnesota).
El gran poeta rumano Paul Celan (1920-1970) decidió poner fin a su vida arrojándose al río Sena de París a la edad de 49 años. Su poesía ciertamente trató de romper moldes tradicionales por lo que, con el tiempo, forjó un estilo más críptico, fragmentario y monosilábico. Las obras que más me cautivaron fueron La arena de las urnas (1948) y La rosa de nadie (1963). La arena de las urnas contiene el poema estremecedor que lleva por título Fuga de muerte (Todesfuge), un poema en el que se narra el horror del Holocausto.
Sylvia Plath (1932-1963)
Y termino, mi querido lector, con la gran poetisa norteamericana Sylvia Plath (1932-1963), autora de los poemarios El coloso (1960) y Ariel (1964) y de la novela con tintes autobiográficos La campana de cristal (1963). Plath contrajo matrimonio con el poeta inglés Ted Hughes en 1956, sin embargo, su vida matrimonial no fue nada fácil. Los constantes coqueteos de su esposo con algunas alumnas en Smith College (Estados Unidos), donde aquel enseñaba, y con otras mujeres, como la traductora de poesía alemana Assia Esther Wevill, hizo que su matrimonia fuera mermando con el tiempo y que, finalmente, acabase en separación.
Después de ello, la poetisa decidió viajar a Inglaterra, y en Londres alquiló un piso donde había vivido el poeta inglés W. B. Yeats. El 11 de febrero de 1963 Sylvia Plath, que entonces se encontraba enferma, se suicidó a la edad de 30 años asfixiándose con gas. Años más tarde, su hijo Nicholas Hughes Plath, que padecía de depresión, se suicidó ahorcándose en su casa de Alaska en 2009. Pero esto no acaba aquí. La amante de su esposo Hughes, Wevill, se suicidó también junto con su hija de cuatro años, conocida como Shura, tras la inhalación de monóxido de carbono.
Reinaldo Arenas (1943-1990)
Fue no solamente un buen escritor que quiso vivir la vida con libertad y escribir sin el yugo de la tiranía, sino un hombre coherente con sus ideas hasta el final y crítico, por lo tanto, contra los sistemas totalitarios, como el régimen comunista cubano. Arenas escribió poesía, novelas y piezas teatrales, y es el autor de unas memorias que llevan por título Antes que anochezca (1992). Enfermo de sida, Reinaldo Arenas se suicidó en Nueva York con 47 años el 7 de diciembre de 1990 ingiriendo drogas y alcohol. Sus cenizas fueron esparcidas en el mar.
Querido lector, ¿por qué se suicida un escritor o una escritora? La respuesta es, como hemos visto en todos los casos o en casi todos los casos, por su deseo de dejar de sufrir, de terminar de una vez por todas con su sufrimiento en un mundo cruel y violento, y, en su percepción, sin esperanza e, incluso, a veces, sin Dios y sin una mínima chispa de luz en la vida.


