Aunque se trata de un descenso, el comportamiento está dentro de la estacionalidad, explicó Jorge Sánchez, subdirector de Hidrología de la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (Dinac). Según el especialista, la situación no es crítica y la navegabilidad se encuentra garantizada gracias a los trabajos de dragado desarrollados en los últimos años.
Recordó que la transición entre septiembre y octubre es un periodo en el que históricamente el río tiende a bajar, hasta que se inicie la temporada de lluvias que se extiende hasta abril.
El experto repasó que entre 2020 y 2022 el país atravesó tres años consecutivos de fenómeno La Niña, algo que no ocurría desde hacia mediados de siglo y que redujo significativamente las precipitaciones. Luego, en 2023 se instaló El Niño, pero brevemente, que dejó lluvias intensas y mal distribuidas. “Llovió mucho en el centro y sur, con inundaciones en Brasil y crecidas en el Paraná, pero no en la cuenca del Paraguay ni en el Pantanal, que son las que alimentan nuestro río”, explicó.
Ese déficit se arrastró a 2024, cuando se alcanzó el récord histórico de bajante en Asunción: -1,61 metros, el 2 de noviembre. “Fue la crisis más aguda en 120 años de registros, incluso más severa que la de 2021”, relató. Sin embargo, a diferencia de esa ocasión, la navegación pudo mantenerse con calados reducidos y tareas de dragado encaradas tras la primera emergencia.
Actualmente, los modelos climáticos sugieren la posibilidad de un nuevo episodio de La Niña hacia noviembre, aunque con poca duración. De confirmarse, se traduciría en precipitaciones por debajo de lo normal, pero sin que ello implique necesariamente una nueva crisis.
El río Paraguay se mantiene a un metro sobre el cero en Asunción, por debajo del nivel normal de 2,50 metros, aunque representa una mejora respecto al año pasado. Debido al dragado, las barcazas operan sin interrupciones, y cerca del 80 % del comercio exterior del país sigue utilizando esta vía fluvial.
Comunidades ribereñas afectadas
La pesca es la actividad más impactada por la menor disponibilidad de agua, lo que repercute en la subsistencia de numerosas familias. También se observan dificultades en el acceso a agua potable y para riego en zonas más vulnerables.
Sánchez insistió en que al comportamiento del río también se suman los factores globales, como el cambio climático, que generan mayor incertidumbre sobre los patrones de lluvias.
“Estamos mejor que en 2024, pero aún lejos de los valores normales. Octubre será clave, si las lluvias se presentan, aunque sean menores, permitirán sostener un nivel que evite complicaciones mayores”, puntualizó.
El dragado continúa de manera permanente en conjunto con el monitoreo. Es la razón por la que la navegación hoy no se ve interrumpida pese a la bajante, afirmó.
El río Paraguay seguirá bajo en los próximos meses, pero no se prevé un escenario tan crítico como el del año pasado. “Nuestro desafío es convivir con esa variabilidad y estar preparados para adaptarnos”, concluyó.


