El arquitecto Ricardo Meyer, ex decano de la Facultad de Arquitectura de la UNA, brinda su mirada crítica sobre este plan: “yo creo que el diagnóstico del plan de la Koica es un estudio súper pormenorizado, tiene más de 1.000 páginas. Eso ya te da la pauta de todo lo que se trabajó”, señaló.
Meyer recordó que se viene exponiendo este mismo diagnóstico desde hace 30 años. Además, sostuvo que de haberse puesto en marcha, hoy se habría solucionado el problema.
Pero al momento de la ejecución del plan, indica que la implementación debe empezar por las menos onerosas, como por ejemplo carriles exclusivos para el reordenamiento y, sobre todo, con un sistema integrado.
Al hablar de las empresas de transporte dijo que actualmente funcionan de manera independiente, lo que no permite esta integración porque se impide que el pasajero cambie de bus con un mismo boleto, ya que por lo general cada unidad tiene un dueño. Según su criterio, esta fragmentación genera competencia desleal entre colectivos de la misma línea.
Ante esta situación plantea un cambio, con sistemas integrados de movilidad, con estaciones terminales, multimodales, intermediarias y finales.
La forma de la ciudad condiciona la movilidad
El arquitecto describió a Asunción como “una mano extendida con cinco dedos de ingreso y egreso”. Según él, esa morfología requiere crear subterminales que permitan conexiones perpendiculares a los corredores principales, de manera a “tejer” esos radios que salen del centro histórico de la ciudad.
“Una persona que ingresa por el Acceso Sur debería poder bajar en una subterminal y conectar con otra línea hacia Mariscal López o Transchaco. Eso es lo que permitiría tejer una red de movilidad más eficiente”, explicó.
Transporte público versus vehículo privado
Meyer apuntó que la precariedad del transporte público es lo que lleva a priorizar el uso del vehículo particular, generando finalmente un círculo vicioso y un crecimiento desordenado. Esto deteriora incluso la calidad de vida y obliga al ciudadano a un gasto mayor, tanto en combustible como en tiempo perdido en el embotellamiento.
Para el especialista, revertir esa tendencia solo será posible con un sistema de transporte público seguro, eficiente y que involucre otros métodos, y que a la población le resulte más conveniente usarlo que desplazarse en su propio vehículo.


