Hoy, querido lector, quiero hablarte de una biografía escrita en forma de retrato. Lo hago desde la quietud de mi solárium, disfrutando los rayos del sol en este sábado. Se trata de una obra que une etopeya y prosopografía, narrando la vida de una persona ilustre y el impacto de sus gestas en la comunidad.
Los estudiosos sostienen que una biografía es la narración cronológica de la vida de alguien. Posee reglas propias y una tradición literaria que remonta a obras como las Vidas paralelas de Plutarco, escritas en el siglo II. Allí se relatan virtudes y defectos de personajes como Alejandro Magno, Julio César, Marco Tulio Cicerón y Demóstenes. Plutarco buscó que las acciones memorables de griegos y romanos sirvieran de ejemplo para su tiempo y su influencia trascendió siglos, llegando a autores como Shakespeare, Milton, Francis Bacon, Emerson y Hamilton.
De los santos medievales al hombre renacentista
En la Edad Media, las vidas de santos se popularizaron como referentes de moral y fe, leídas por una sociedad marcada por guerras, hambrunas y pestes. Estos relatos incentivaban peregrinaciones hacia tumbas y reliquias. Entre ellos destacó la Leyenda áurea de Jacobo de la Vorágine, que reunió cerca de 180 relatos hagiográficos en el siglo XIII.
Con el Renacimiento, las biografías comenzaron a centrarse en la vida civil, militar y artística. Contribuyeron a este cambio autores como Boccaccio, Maquiavelo, Fernán Pérez de Guzmán y Charles Étienne. En los siglos XIX y XX, figuras como David Friedrich Strauss, Ernest Renan, Ramón Gómez de la Serna, Stefan Zweig y Ian Gibson cultivaron el género con obras significativas.
Diversidad de formas biográficas
El género biográfico tiene múltiples variantes: semblanzas, retratos, autobiografías, biografías críticas, autorizadas o no autorizadas, diarios, etopeyas y prosopografías. Un ejemplo es el Diario íntimo de Miguel de Unamuno, cinco cuadernos con vivencias y emociones publicados póstumamente en 1970.
En esta tradición se ubica el libro Retrato de María Benefrida Torres de Becker: Atisbo de una entrega para el magisterio y los pueblos indígenas, del profesor Silvio Eduardo Becker y publicado por la editorial Trigales. La obra rescata la vida de doña María Benefrida Torres de Becker, maestra paraguaya dedicada a la educación de los pueblos indígenas.
Inspiración en la pedagogía de Ramón Indalecio Cardozo
Huérfana de madre desde temprana edad, María Benefrida mantuvo un vínculo estrecho con su padre, el profesor Miguel J. Torres, fundador de la primera escuela graduada de Paraguarí y referente docente en la región. Este lazo marcó decisivamente su vocación como maestra. Ambos se formaron en el marco de la Escuela Nueva de Ramón Indalecio Cardozo, quien sostenía que “solamente con el amor se puede hacer el milagro de la educación”.
Don Ramón promovió reformas educativas: garantizar la enseñanza en cada rincón del país, mejorar las condiciones de los maestros y fomentar en las escuelas rurales la música, jardinería, manualidades y puericultura. Estas ideas inspiraron la labor de doña María Benefrida.
Pionera en la educación indígena
El libro recorre la infancia, juventud y formación de la maestra en la Escuela Normal de Profesores N.º 4 de Encarnación, así como su participación en la Guerra del Chaco, su labor en comunidades indígenas desde el INDI y su desempeño como directora y supervisora de educación primaria.
La obra destaca que fue pionera en la educación indígena en Paraguay y rescata textos inéditos de su padre, junto a reflexiones de la propia María Benefrida sobre la formación continua de docentes y el papel de la mujer en una sociedad conservadora. Ella y otras mujeres paraguayas asumieron roles decisivos como maestras, enfermeras y organizadoras comunitarias.
Homenaje y legado
El libro representa un homenaje personal y colectivo. El profesor Silvio Eduardo Becker rinde tributo a su abuela, reconociendo en ella inspiración y ejemplo. La obra destaca la humanidad, entrega y compromiso con la educación indígena, dejando una huella duradera en el Paraguay.
Cierra con un poema de 1964 de Miguel J. Torres, dedicado a la Virgen de Caacupé:
Salutación a la Virgen de Caacupé
Virgen sublime, de los desiertos,
De serranías y cordilleras;
Tal tu figura fuera tallada,
Eres de Gracia en nuestra tierra.
Virgen Indiana de los desiertos,
De cordilleras y serranías;
Tal tu figura fuera tallada,
Eres por Gracias de maravillas.
Genio de tu indio te motivó,
de un trocillo, puro cedrón,
Y fueras: La Virgen de los Milagros
Soberana de la Nación.
Al indio José lo recordemos,
como genio tallista de nuestra Virgen María
En trances, juró esculpirla,
Qué indios herejes no lo cautiven.
De Ypacaraí, en los desiertos,
De legendario y hermoso lago,
Eras guardada en tosco cofre
Y fuiste, Virgen de los Milagros.
Virgen Serrana de Caacupé,
De lares patrios, eres consigna;
Por Dios te pido, por tu Ternura,
A los humildes, que los bendigas.
(Ypacaraí, 8 de diciembre de 1964)


