Las jornadas de lluvia y calor pueden hacer que la humedad se acumule dentro de la casa, manteniendo los pisos de baldosas mojadas, las prendas tardan en secarse y los ambientes poco ventilados pueden generar malos olores y favorecer la aparición de moho.
Uno de los principales inconvenientes es la ropa húmeda, cuando no se puede tender al aire libre, lo recomendable es colocarla en un lugar ventilado, separar las prendas para que circule el aire y evitar amontonarlas.
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También se puede utilizar un ventilador para acelerar el secado, es importante no guardar la ropa ni las toallas mientras todavía estén húmedas, porque pueden adquirir olor a encierro.
En cuanto a los pisos, después de limpiarlos conviene retirar el exceso con un secador y pasar un paño seco para eliminar los restos de humedad. También se deben revisar las esquinas, los rincones y los espacios debajo de los muebles.
Mantener las ventanas abiertas y el aire acondicionado en modo dry cuando las condiciones del tiempo lo permitan ayuda a renovar el aire.


