¿Se te olvida todo? El estrés crónico y el agotamiento que frenan la memoria

Perder las llaves, olvidar compromisos recientes o necesitar releer un texto varias veces pasaron a ser quejas habituales en la vida adulta. El médico neurocirujano Joel Sanabria explicó de qué manera la exposición prolongada a una carga mental o laboral insostenible altera la atención y los circuitos cerebrales. A su vez, marcó las diferencias fundamentales entre el agotamiento severo por burnout y una patología neurodegenerativa.

| Por La Tribuna
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El estrés crónico y la sobrecarga laboral afectan directamente la memoria, la atención y el funcionamiento cerebral en la vida adulta. Foto: Serie “Bob Esponja".

Tener despistes frecuentes o fallos de concentración no equivale de forma automática a padecer una enfermedad degenerativa. El neurocirujano Joel Sanabria afirmó que el sistema nervioso humano está biológicamente preparado para responder al estrés, una capacidad esencial para la supervivencia que activa el sistema simpático y el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal para liberar cortisol.

Sin embargo, el profesional aclaró que el organismo no está diseñado para permanecer indefinidamente en ese estado de alerta sin una recuperación adecuada. Cuando la tensión se vuelve permanente, el costo fisiológico se traslada a las estructuras cerebrales encargadas del procesamiento emocional, la memoria y la toma de decisiones.

Asimismo, el especialista precisó que una exposición prolongada al estrés afecta directamente estructuras cerebrales esenciales, como la amígdala (relacionada con la percepción de amenazas), el hipocampo (fundamental para el aprendizaje) y la corteza prefrontal (responsable de la planificación y el control de impulsos). Sanabria advirtió que, ante este escenario, el cerebro logra seguir operando, aunque con un mayor gasto metabólico y una eficacia considerablemente menor.

Respecto al diagnóstico, el neurocirujano explicó cómo distinguir entre la saturación mental y los primeros signos de deterioro cognitivo. Sanabria señaló que en el burnout el problema suele comenzar en la fase de atención. Si una persona intenta resolver diez tareas pendientes mientras escucha a alguien, la información nunca llega a registrarse correctamente en el cerebro.

En cambio, remarcó que en una enfermedad neurodegenerativa existe una pérdida progresiva de las funciones cognitivas incluso cuando el paciente está descansado, llevándolo a olvidar conversaciones enteras o repetir preguntas de forma recurrente.

A su vez, el médico utilizó la metáfora del “presupuesto mental limitado” para graficar la pérdida de regulación emocional, empatía y capacidad de planificación. Sanabria sostuvo que consumir toda la energía cognitiva resolviendo problemas laborales provoca que la persona termine la jornada sin margen para su vida privada. Esta situación deriva en que profesionales competentes lleguen a sus hogares sin paciencia ni disposición para conversar con sus parejas, jugar con sus hijos, estudiar o realizar actividad física.

En cuanto a la reversibilidad de estas alteraciones, el especialista transmitió tranquilidad al destacar la neuroplasticidad del cerebro. Sanabria comentó que las dificultades funcionales por estrés no significan la destrucción de las neuronas y que suelen mejorar al reducir la tensión, recuperar el sueño y recibir tratamiento adecuado. No obstante, mencionó que estudios de seguimiento en pacientes recuperados de burnout mostraron que la normalización completa de la atención y la memoria a corto plazo puede demandar hasta un año y medio.

Para identificar el límite antes de llegar al colapso, el neurólogo enumeró señales invisibles como la imposibilidad de desconectarse del trabajo, la fatiga persistente tras el reposo nocturno, la irritabilidad desproporcionada y la pérdida de motivación.

Sanabria recomendó proteger siete horas de sueño nocturno, hacer pausas reales sin consumo de información en el teléfono, establecer límites laborales estrictos, mantener la actividad física y consultar a un profesional si los síntomas se extienden en el tiempo.

“Una persona puede seguir siendo competente en su trabajo, pero quedarse sin recursos mentales para conversar con su pareja, jugar con sus hijos o hacer ejercicio”.

Joel Sanabria, neurocirujano.

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