La presión de ser una mujer de alto valor y el agotamiento de siempre complacer

En una sociedad que mide a las mujeres por su productividad y entrega, la psicóloga Nancy Montiel advirtió que la idea de alcanzar un estatus de superioridad transforma la autoestima en una constante búsqueda de validación externa.

| Por La Tribuna
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El verdadero significado detrás de una etiqueta llena de exigencias para las mujeres. Foto: serie “Doctora Cha”.

En una sociedad que evalúa constantemente a las mujeres por su apariencia, productividad y nivel de entrega, el concepto de “mujer de alto valor” esconde un riesgo emocional profundo. La psicóloga Nancy Montiel explicó que esta autoexigencia constante puede transformar la autoestima en una simple búsqueda de aprobación, condicionando el bienestar al cumplimiento de las expectativas ajenas.

La especialista detalló que la necesidad de demostrar valor está íntimamente ligada a la crianza. La cultura y las normas sociales dictaminan desde la infancia que el mérito de una mujer depende de su utilidad y de su capacidad para ser una buena hija, esposa o una profesional intachable. A este escenario se suman los históricos sesgos de género, que obligaron a las mujeres a esforzarse el doble para ocupar espacios y obtener reconocimiento. Ante esto, Montiel resaltó que nadie debería verse en la obligación de justificar su valía ante los demás.

Las heridas de la infancia juegan un papel crucial en este patrón de conducta. La psicóloga señaló que la necesidad de validación se origina cuando el afecto familiar se condiciona al buen comportamiento o al rendimiento. Además, indicó que ciertos mandatos religiosos generan culpa cuando una mujer decide priorizar sus propias necesidades, instalando la falsa creencia de que si no produce, sirve o complace, automáticamente deja de ser querida.

Romper con este ciclo no es sencillo. Montiel advirtió que abandonar la necesidad de complacer puede generar ansiedad y vértigo inicial, ya que salir de ese patrón se percibe como una amenaza. Sin embargo, al superar esa incomodidad, disminuye drásticamente el agotamiento que implica mantener una fachada para agradar y aumenta la coherencia entre lo que se piensa, se siente y se hace.

Para lograr este equilibrio, la terapeuta sostuvo que es primordial construir una autoestima sólida que permita cuestionar los mandatos culturales que romantizan a la mujer sacrificada. Finalmente, concluyó que el concepto de “mujer de alto valor” no debe convertirse en otra exigencia estética o moral, ya que el valor personal no depende de que una pareja o la sociedad apruebe si alguien realmente “vale la pena”.

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