La investigación no encontró que la monogamia ofreciera una ventaja clara en cuanto a la salud sexual y señaló que, en algunos aspectos, ambos grupos presentaron resultados similares.
Entre las mujeres que mantenían relaciones no monógamas consensuadas se registraron mayores niveles de deseo, excitación y satisfacción sexual. En el caso de los hombres, quienes formaban parte de este tipo de relaciones, reportaron menos síntomas relacionados con la eyaculación precoz. Estos resultados muestran que la forma en que una pareja organiza su vínculo no determina por sí sola la calidad de su vida sexual.
El estudio también analizó la presencia de infecciones de transmisión sexual (ITS). Las personas que tenían varias parejas se realizaban pruebas con mayor frecuencia, pero los resultados positivos fueron similares a los registrados entre quienes mantenían relaciones monógamas. Esto permitió observar que la cantidad de parejas no fue, por sí sola, un indicador suficiente para establecer diferencias en los diagnósticos.
Otro punto clave es la comunicación. En las relaciones no monógamas consensuadas, los vínculos con otras personas forman parte de acuerdos conocidos y aceptados por la pareja. En cambio, cuando se mantienen relaciones fuera del vínculo sin conocimiento del otro pueden surgir conflictos que afectan la confianza y la satisfacción.
Los investigadores destacan que la comunicación, el consentimiento y el respeto de los acuerdos también influyen en la experiencia sexual. El estudio no señala que un tipo de relación sea mejor que otro, sino que esta puede variar según la dinámica y los acuerdos de cada pareja.


