En entrevista con La Tribu 650 AM, la psicóloga clínica Marian Piñánez señaló que la felicidad y el placer son conceptos distintos. Explicó que el placer se manifiesta de forma pasajera mediante experiencias cotidianas, como saborear una buena comida, recibir un masaje o participar de una actividad grata, mientras que la felicidad se vincula a una vivencia más duradera de tranquilidad y a la certeza interna de avanzar por el rumbo adecuado.
Según la especialista, por ejemplo, el ejercicio físico, aunque no siempre sea placentero, ya que puede generar bienestar al saber que estamos haciendo algo saludable. Para ella, esa sensación de “paz de la piel para dentro” se acerca más a lo que significa ser feliz.
Tener una casa, un vehículo o terminar de pagar una deuda puede generar satisfacción o alivio, pero no necesariamente felicidad. “La felicidad es algo que se construye”, sostuvo Piñánez.
Recordó la historia de una pintura de una tormenta en la que, en medio de los rayos, aparecía un pequeño pájaro tranquilo en su nido. Para la profesional, esa imagen representa la verdadera paz; poder conservar cierta calma aun cuando alrededor existen problemas.
En esa construcción, la mente tiene un papel fundamental como miedo, enojo, tristeza y alegría que son emociones normales, pero aprender a gestionarlas es parte de la inteligencia emocional. Según la psicóloga, muchas veces no es lo que ocurre lo que determina cómo nos sentimos, sino lo que nos decimos sobre aquello que está pasando.
Asimismo, Piñánez hizo hincapié en el impacto de nuestro lenguaje cotidiano. Advirtió que muchas personas se expresan habitualmente desde una perspectiva negativa, concentrándose en lo que desean evitar y cayendo en quejas automáticas. Para abordar este patrón, recomendó practicar la “dieta de quejas”.
Se trata de una herramienta terapéutica diseñada para erradicar el hábito inconsciente de enfocarse constantemente en lo negativo. La psicóloga explicó que esta práctica consiste en tomar conciencia de las palabras que utilizamos a diario y suspender los reclamos automáticos. La especialista señaló que, al frenar este patrón de negatividad, los pacientes logran mejorar drásticamente la relación consigo mismos, transformando su diálogo interno en acciones y hábitos que favorecen la paz mental.
Para la entrevistada, la felicidad tampoco puede depender de otra persona, ya que cada uno es responsable de construir su bienestar y encontrar un sentido a su vida, una idea vinculada con la logoterapia de Viktor Frankl. Los problemas existen, pero la actitud frente a ellos también importa.
Piñánez destacó que cada persona vive las dificultades de manera diferente, por lo que es importante practicar la empatía y no minimizar lo que siente el otro. También invitó a revisar cómo nos hablamos y preguntarnos si trataríamos así a nuestra mejor amiga. Para la psicóloga, cambiar pensamientos y actitudes requiere práctica.
La felicidad, entonces, no consiste en estar alegres permanentemente, ya que la alegría, el miedo, la tristeza y el enojo son emociones pasajeras. El bienestar está más relacionado con esa paz interior que permite atravesar las distintas situaciones de la vida sin perder el rumbo.

