Desde la psicología, la edad por sí sola no determina si una relación funcionará o no, para Patricia Cardozo, aspectos como la comunicación, la madurez emocional, los valores y los proyectos en común tienen un peso mucho mayor en la relación.
Cuando la diferencia es amplia, por ejemplo de 15, 20 años o más, pueden aparecer algunas situaciones que requieren mayor diálogo. La etapa de vida en la que se encuentra cada persona puede marcar diferencias en temas como tener hijos, convivir, trabajar, administrar el dinero o pensar en el futuro.
La especialista señaló que una relación puede mantenerse saludable cuando ambos tienen la capacidad de expresar lo que necesitan, resolver los conflictos sin violencia y asumir responsabilidades. También es importante que puedan ponerse de acuerdo sobre aspectos importantes de la vida y respetar que cada uno tenga sus propios intereses, amistades y tiempos.
Según la psicóloga, la edad cronológica no determina la compatibilidad, dos personas con 20 años de diferencia pueden coincidir si comparten proyectos y etapas compatibles, mientras que parejas de edad similar colapsan si sus planes difieren. La madurez para resolver problemas, las muestras de afecto, el compromiso y los valores compartidos, como familia, trabajo y fidelidad, influyen más que la diferencia de edad.
La diferencia de poder es otra posible dificultad, quien tiene mayor edad suele contar con más estabilidad económica y experiencia. Aunque esto no implica abuso, puede desequilibrar la relación si una parte ejerce más control. Cardozo aclaró que la experiencia resulta positiva al acompañar, pero es problemática al imponer decisiones con frases descalificadoras que vulneran la autonomía del otro.
La dependencia emocional, independiente de la edad, ocurre cuando una persona necesita a su pareja para sentirse segura o valiosa, lo que dificulta poner límites, expresar desacuerdos o dejar situaciones dañinas, aumentando el temor al abandono. Para la especialista, el equilibrio requiere participar en decisiones clave, poder decir “no”, respetar la familia y amistades mutuas, y contar con libertad para desarrollarse de manera independiente.
La especialista también destacó que utilizar la edad para descalificar al otro es una conducta que merece atención. Decir constantemente que una persona es “inmadura” por ser más joven o utilizar la propia experiencia para manipular sus decisiones puede afectar el equilibrio del vínculo.
Respecto a la satisfacción, Cardozo indicó que estas parejas se sienten igual de satisfechas que el resto, sobre todo al inicio. Con el tiempo emergen retos como jubilación, salud o círculos sociales distintos. Por ello, el desafío no es la brecha de edad, sino gestionar esas diferencias. La relación es más sana si no se usa la edad para ejercer poder, garantizando respeto, autonomía y libre decisión.


