Cosmetorexia, cuando el cuidado de la piel se convierte en obsesión

La cosmetorexia pone el foco en una preocupación que va más allá de querer cuidar la piel. Se trata de una relación excesiva con los productos, las rutinas de belleza y la propia apariencia, que puede llevar a niñas y adolescentes a buscar constantemente algo que corregir o mejorar.

| Por La Tribuna
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El interés por la belleza puede pasar de una elección personal a una exigencia difícil de controlar. Foto de la película “Chicas pesadas”.

La psicóloga Mirtha Sotelo señaló que una de las señales puede ser pasar demasiado tiempo frente al espejo revisando la piel, buscar pequeñas imperfecciones o necesitar cumplir de manera rígida con todos los pasos de una rutina. La alerta aumenta cuando no poder hacerlo genera ansiedad o impide realizar actividades cotidianas.

No es lo mismo disfrutar del maquillaje o del skincare que sentir que son indispensables para poder salir de casa. Según la especialista, si una adolescente no puede dormir fuera porque no tiene sus productos, evita una actividad o se angustia cuando no puede completar su rutina, es importante observar qué está ocurriendo.

Las redes sociales pueden reforzar esta conducta, una adolescente puede comenzar utilizando un producto por interés en el cuidado personal y terminar incorporando cada vez más pasos al recibir constantemente mensajes sobre nuevas rutinas, técnicas y productos. Para Sotelo, esto puede generar una búsqueda permanente de perfección, en la que la tranquilidad que brinda un producto dura poco y rápidamente aparece algo más que necesita corregir.

La comparación también juega un papel importante, las imágenes de redes pueden incluir filtros, edición, maquillaje o iluminación y mostrar una piel muy diferente a la cotidiana. La profesional advirtió que una adolescente puede no tener todavía las herramientas para interpretar esas diferencias y terminar preguntándose por qué su piel no se ve igual.

Dentro de esta necesidad de perfección puede haber algo más profundo. La psicóloga explicó que, en algunos casos, la rutina puede estar relacionada con inseguridad, ansiedad, miedo al rechazo o necesidad de sentirse aceptada y atractiva.

Por eso, un granito que para los demás parece insignificante puede generar una gran preocupación. Algunas niñas pueden sentir que todos van a mirar su piel, que las encontrarán feas o que no pueden salir de casa de esa manera. Ante estas situaciones, Sotelo recomendó no minimizar lo que sienten y, en lugar de decir “no es nada”, intentar comprender qué significa para ellas esa preocupación.

El momento de pedir ayuda no está determinado por la cantidad de productos que utiliza una adolescente, sino por el malestar y la interferencia que genera esta conducta. Evitar fotografías, reuniones o actividades sociales, pasar demasiado tiempo frente al espejo, compararse constantemente o sentir que el propio valor depende de la apariencia son señales que merecen atención.

La intervención psicológica tampoco consiste simplemente en quitar los cosméticos, para la entrevistada, es necesario comprender qué necesidad emocional existe detrás de la conducta y trabajar sobre ella.

¡No lo olvides!

La cosmetorexia no significa que maquillarse o cuidar la piel sea algo malo, sino que estas prácticas deben ser una elección y no una obligación. Cuidar la piel puede ser una forma de autocuidado, pero las niñas no necesitan una piel perfecta ni esconder sus poros, su textura o sus imperfecciones para sentirse bien consigo mismas. Aceptar la piel tal como es ayuda a desarrollar una relación más sana con la propia imagen y a entender que el valor de una persona no depende de su apariencia.

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