En lugar de apresurar el momento cuando aparece una erección, el contacto puede comenzar con una mirada y continuar con los besos y las caricias, siguiendo la respuesta de la pareja. De esta manera, la excitación se va construyendo poco a poco y el encuentro no queda centrado únicamente en la penetración, sino también en todo lo que ocurre antes de llegar a ella.
A partir de ese primer contacto, la exploración corporal permite seguir aumentando la excitación y la sensorialidad. En este proceso se pueden recorrer distintas zonas erógenas, como el cuello, los hombros y las piernas, además de incorporar otros estímulos, entre ellos el sexo oral. La clave está en no apresurar cada etapa, sino permitir que el nivel de excitación aumente progresivamente, prestando atención a las sensaciones y a la respuesta de la pareja. Así, cada momento de la previa se convierte en parte de la construcción del encuentro.
Ese aumento gradual de la excitación también se relaciona con la respuesta física del cuerpo, ya que la preparación favorece una adecuada lubricación y erección antes de la penetración. Por eso, la aparición de una erección no implica necesariamente que se deba pasar de inmediato a esa etapa. Primero puede continuar el proceso de exploración, contacto y excitación, hasta alcanzar un mayor nivel de respuesta corporal y preparar el momento de la penetración como parte final de este recorrido.


