Salir de la zona de confort no significa obligarse a enfrentar grandes cambios de golpe. La psicóloga Nicole Auteri explicó que lo conocido genera seguridad porque permite anticipar situaciones y respuestas, mientras que lo nuevo puede despertar miedo, ansiedad e inseguridad. Por eso, avanzar no necesariamente implica hacer cambios extremos, sino ampliar progresivamente aquello que una persona siente que puede afrontar.
La zona de confort está formada por situaciones conocidas, predecibles y familiares, en las que una persona sabe, en mayor o menor medida, qué puede ocurrir y cómo responder. Auteri explicó que permanecer allí no es necesariamente negativo, pero puede convertirse en una limitación cuando el miedo lleva a evitar experiencias, oportunidades o situaciones que podrían generar nuevos aprendizajes.
Al salir de ese espacio aparece la incertidumbre, porque ya no existe el mismo nivel de control sobre lo que va a pasar. Comenzar una actividad, hablar frente a otras personas, modificar una rutina o aceptar una oportunidad puede generar temor al fracaso, al rechazo o a ser juzgado. “Pueden aparecer pensamientos como ‘no me va a salir bien’ o ‘no soy capaz’, que llevan a anticipar un resultado negativo antes de intentarlo”, agregó la profesional Nicole Auteri.
Esta anticipación puede relacionarse además con el llamado síndrome del impostor, cuando una persona siente que no está a la altura de un desafío o que no es tan capaz como los demás creen. Desde la terapia cognitivo-conductual se trabaja con la posibilidad de avanzar de manera progresiva, en lugar de enfrentar directamente aquello que genera mayor miedo.
Una de las consecuencias de evitar constantemente las situaciones nuevas es que la persona pierde oportunidades para comprobar sus propias capacidades. Según la profesional, no intentarlo puede reforzar pensamientos de incapacidad y limitar la posibilidad de aprender a resolver problemas, tolerar errores o adaptarse a los cambios. Con el tiempo, esto también puede generar una sensación de estancamiento, desmotivación o aburrimiento.
Una herramienta para afrontar estos desafíos consiste en dividir una meta grande en objetivos más pequeños. Si alguien quiere hablar en público, por ejemplo, puede comenzar expresando su opinión en una reunión pequeña, luego participar ante un grupo mayor y posteriormente realizar una presentación breve. De esta manera, cada experiencia sirve como preparación para el siguiente paso.
También es importante entender que no todo tiene que salir bien desde el primer intento. Una experiencia que no resulta como se esperaba puede permitir identificar qué funcionó, qué necesita modificarse y qué otra alternativa se puede probar. Además, no es necesario abandonar por completo la zona de confort, ya que también son necesarios los espacios de seguridad, descanso y estabilidad.
Salir de la zona de confort puede entenderse entonces como un proceso gradual y no como una obligación de cambiarlo todo de una vez. La idea es ampliar poco a poco aquello que una persona puede afrontar, tolerar cierta incomodidad y adquirir nuevas experiencias.


