¿Mala leche? Por qué el tropiezo ajeno genera alivio y qué revela

El éxito de los demás puede despertar admiración, pero también inseguridad, frustración o la sensación de estar quedándonos atrás. La psicóloga Iris Vázquez explicó qué hay detrás del alivio que algunas personas sienten cuando alguien que destaca también tropieza.

| Por La Tribuna
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: No siempre es envidia, también puede ser inseguridad o frustración. Foto: Serie “Envidiosa”.

Sentir cierto alivio cuando una persona que admiramos o percibimos como exitosa atraviesa un fracaso puede resultar incómodo de reconocer. Sin embargo, para la psicóloga Iris Vázquez, esta reacción forma parte de una experiencia humana más amplia: la comparación con los demás.

Compararnos no es necesariamente negativo, puede ayudarnos a establecer objetivos, aprender de otras personas o evaluar nuestro propio camino. El problema aparece cuando esa comparación se transforma en una medida constante de nuestro valor y en esos casos, el éxito ajeno puede hacernos pensar que estamos atrasados o que no somos suficientemente buenos.

La especialista explicó que las redes sociales pueden intensificar esta sensación, observamos viajes, ascensos, relaciones, proyectos y otros logros de manera permanente, aunque se trate solo de una parte de la vida de los demás. Terminamos comparando nuestra realidad cotidiana, con sus dificultades y momentos malos, con una versión cuidadosamente seleccionada de otra persona.

El fracaso de quien destacaba puede traer alivio al acortar la distancia percibida. Según Vázquez, más que envidia, esto refleja inseguridad, frustración, resentimiento o necesidad de reconocimiento, por lo que invitó a examinar qué nos provoca el éxito ajeno.

El éxito de otra persona puede funcionar como un espejo, pensamientos como “ella ya consiguió eso y yo todavía no” o “él avanzó y yo sigo en el mismo lugar” pueden generar emociones muy diferentes: motivación, admiración, tristeza, ansiedad, frustración o sensación de insuficiencia.

Además, necesitar que a otra persona le vaya mal para sentirse mejor puede estar relacionado con una autoestima insegura, que depende mucho de compararse con los demás. Sin embargo, la psicóloga aclaró que esto no siempre significa tener baja autoestima, ya que la forma en que nos valoramos depende de nuestra historia, nuestras relaciones, experiencias y creencias.

La comparación se vuelve preocupante cuando deja de ser una herramienta para aprender y comienza a generar un malestar constante. Para Vázquez, las redes sociales pueden ampliar estas tendencias, pero no son las responsables de todo. La comparación social existe desde mucho antes de estas plataformas. Lo que cambió es la cantidad de oportunidades que tenemos para compararnos.

Por eso, es mejor enfocarnos en nuestras propias metas y en lo que vamos logrando. Compararnos con los demás es algo común, pero hacerlo todo el tiempo puede hacernos sentir mal. Desear que a otra persona le vaya mal puede estar relacionado con inseguridades o frustraciones que debemos reconocer. Entender lo que sentimos ayuda a manejar esa emoción sin justificar acciones que puedan lastimar a otros.

Algunas señales de alerta:

Minimizar los logros de otros:

Restar importancia a lo que otra persona consigue o buscar explicaciones para quitarle valor a su esfuerzo

Buscar sus errores:

Prestar más atención a las fallas de los demás que a sus propios avances o cualidades

Sentir satisfacción ante sus dificultades:

Experimentar alivio o alegría cuando alguien que admiramos o con quien nos comparamos atraviesa un problema.

Compararse de manera permanente:

Estar pendiente de quien tiene más éxito, quien avanzó más o quien está en una situación aparentemente mejor.

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