¿Cómo influye la ausencia paterna en la forma de amar durante la adultez?

Haber crecido sin una figura paterna presente no determina cómo serán las relaciones en la adultez, pero puede influir en la manera de vincularse. La psicóloga Paz Ruiz explicó cómo el miedo al abandono, la hiperindependencia o la necesidad de cuidar al otro pueden aparecer en la vida de pareja.

| Por La Tribuna
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El miedo al abandono y la necesidad afectiva pueden aparecer en la vida de pareja. Película: “El Hijo”.

La ausencia de una figura paterna puede reorganizar la dinámica familiar y hacer que algunos hijos asuman responsabilidades que no corresponden a su edad. Según explicó la psicóloga, pueden ocupar lugares como el de “hombre de la casa” o convertirse en un apoyo emocional para la madre. Esta parentalización puede generar hiperresponsabilidad y lealtades que permanecen en la adultez.

La profesional señaló que los primeros vínculos funcionan como un mapa para entender cómo nos ven los demás y cómo funcionan las relaciones. Por eso, si la ausencia paterna fue vivida como abandono emocional, la persona puede crecer esperando que los demás también fallen o se vayan.

Según Ruiz, esto puede reflejarse en las relaciones amorosas, en las cuales algunas personas pueden necesitar una pareja constantemente disponible, buscando seguridad y afecto, mientras otras pueden volverse excesivamente independientes para evitar depender emocionalmente de alguien.

También puede ocurrir que el adulto mantenga una relación muy ligada a su familia de origen y tenga dificultades para priorizar a su pareja. En otros casos, puede buscar personas a las que cuidar, proteger o “rescatar”, repitiendo roles aprendidos durante la infancia.

La especialista advirtió que el problema aparece cuando se espera que la pareja repare un vacío antiguo. Ninguna relación puede ocupar exactamente el lugar de aquello que faltó en la infancia, y cuando se le exige ese papel pueden surgir decepciones, crisis o reclamos desproporcionados.

La psicóloga aclaró que el impacto depende de cómo se reorganizó la familia, del afecto recibido y de la existencia de redes de apoyo, como abuelos o tíos. También es diferente cuando la ausencia pudo hablar con honestidad que cuando estuvo marcada por la vergüenza, el rencor o el desamor.

Para Ruiz, estas experiencias pueden trabajarse en la adultez. Por ejemplo, un proceso terapéutico puede ayudar a comprender la propia historia, dejar de buscar en la pareja una reparación del pasado y construir relaciones basadas en el afecto, la autonomía y la reciprocidad.

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