Cómo distinguir una libido alta de una conducta sexual compulsiva

El sexólogo Félix Lezcano explicó que la clave para detectar un trastorno radica en la pérdida de control y no en la frecuencia. El especialista recomendó acudir a terapia cuando el deseo interfiere en la vida cotidiana.

| Por La Tribuna
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El deseo sexual puede variar entre las personas y también a lo largo de la vida. Foto: “Sex Education” (Netflix, 2019 - 2023).

Tener una libido alta no significa necesariamente tener un problema. El médico sexólogo Félix Lezcano explicó que una persona puede pensar mucho en sexo, masturbarse con frecuencia o mantener una vida sexual activa y conservar la capacidad de decidir sobre su conducta. La diferencia aparece cuando existe una dificultad persistente para controlar impulsos o comportamientos sexuales repetitivos.

La persona puede intentar disminuirlos y no conseguir sostener el cambio, o continuar pese a las consecuencias negativas. Para el especialista, el diagnóstico no depende de tener “demasiado sexo”, sino de una pérdida persistente de control que interfiere significativamente en la vida. La CIE-11 (undécima revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades) reconoce el trastorno de conducta sexual compulsiva dentro de los trastornos del control de los impulsos.

Una señal de alerta aparece cuando las actividades sexuales desplazan responsabilidades, intereses o autocuidado. Pueden surgir ocultamientos, discusiones y pérdida de confianza en la pareja, problemas de concentración y rendimiento en el trabajo o los estudios; gastos importantes, aislamiento, abandono de otras actividades y exposición a infecciones de transmisión sexual u otros riesgos.

En el plano emocional pueden aparecer frustración, vergüenza, ansiedad o sensación de llevar una doble vida. Lezcano señaló que algunas personas sienten alivio momentáneo después de la conducta y luego arrepentimiento, para volver a repetirla, incluso cuando ya obtienen poco placer.

El entrevistado aclaró que no existe una cantidad “normal” de relaciones sexuales o masturbaciones. La frecuencia cambia según cada persona y etapa de la vida. Tampoco la culpa por motivos personales, familiares, culturales o religiosos permite diagnosticar un trastorno. Resaltó que una infidelidad, además, no significa automáticamente una conducta sexual compulsiva.

Lezcano recomendó consultar cuando la persona siente que perdió el control, intentó modificar la conducta sin éxito o esta comienza a generar consecuencias importantes, sin necesidad de esperar una crisis. La evaluación considera el contexto, los desencadenantes y factores como ansiedad, depresión, otros problemas de salud mental, consumo de sustancias, medicamentos u otras condiciones.

El tratamiento se adapta a cada caso. La psicoterapia puede trabajar desencadenantes, regulación emocional, manejo de impulsos, modificación de conductas y prevención de recaídas. Cuando la pareja está involucrada puede incorporarse un abordaje vincular y, si la evaluación clínica lo indica, tratamiento farmacológico. El objetivo no es castigar el deseo ni imponer una frecuencia sexual, sino recuperar autonomía, seguridad y bienestar.

Diferencias clave

1. Libido elevada

Se caracteriza por un incremento en la frecuencia o en las ganas de tener relaciones sexuales, manteniendo en todo momento la capacidad de autorregulación y decisión sobre el propio comportamiento.

2. Comportamiento sexual compulsivo

Implica una falta de autorregulación a pesar de los esfuerzos por limitar o interrumpir la conducta, la persona no lo consigue y la mantiene aun considerando las repercusiones negativas.

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