Estamos acostumbrados a llenar cada minuto del día con tareas, pendientes y estímulos. En ese ritmo constante, detenerse puede generar culpa o la sensación de estar desperdiciando el tiempo. Sin embargo, la licenciada María Romero sostuvo que hacer una pausa sin un objetivo concreto es una necesidad para el bienestar mental.
La especialista explicó que la mente funciona de manera continua y que recursos como la atención, la memoria de trabajo y la flexibilidad mental pueden agotarse cuando no existen momentos de descanso. Por eso, una pausa en la que aparentemente “no hacemos nada” no es un momento vacío, sino una oportunidad para que el organismo reduzca el nivel de exigencia y recupere el equilibrio.
El cerebro no está preparado para permanecer en un estado constante de alerta y productividad. Romero señaló que, al igual que los músculos necesitan recuperarse después del esfuerzo, la mente también requiere descanso. Estos espacios ayudan a disminuir la sobrecarga mental, favorecen la regulación emocional y permiten recuperar recursos necesarios para continuar.
Pero descansar no siempre resulta sencillo, ya que muchas personas crecieron con ideas como “debo aprovechar cada minuto”, “si descanso, soy perezoso” o “mi valor depende de mi productividad”. Estas creencias pueden hacer que incluso un momento de descanso genere culpa, ansiedad o pensamientos negativos.
Para la profesional, esa exigencia permanente puede terminar provocando agotamiento mental y emocional e incluso Burnout. Por eso, consideró importante cuestionar la idea de que descansar es una recompensa que primero debemos merecer. “Ser humano implica tener límites, necesidades y momentos de recuperación”, sostuvo.
Además, dejar de concentrarse por unos minutos en una tarea puede tener efectos positivos en la forma de pensar. Según la entrevistada, cuando la atención se libera, el cerebro puede procesar información de una manera más flexible y conectar ideas que antes parecían aisladas. De ahí que algunas soluciones aparezcan durante una caminata, una ducha, mientras se maneja o simplemente mirando por la ventana.
La especialista recomendó que esos momentos sean realmente pausas y, de ser posible, sin el celular. Caminar sin rumbo, observar el entorno, quedarse en silencio o permitir que la mente divague pueden abrir un espacio para la creatividad. Muchas veces, explica, las respuestas llegan cuando dejamos de perseguirlas bajo presión.
Romero señaló que en una cultura hiperestimulada, el silencio y el aburrimiento se evitan con pantallas o actividades, confundiendo estar ocupado con estar bien. Por ello, invitó a pausar sin culpa, pues el bienestar exige un espacio propio.
“Las pausas improductivas son como las comas en una oración, parecen no hacer nada, pero sin ellas el mensaje pierde sentido. Del mismo modo, descansar no nos aleja de una vida significativa, sino que nos ayuda a sostenerla”. María Romero, psicóloga clínica.


