Cometer una equivocación menor en público, como olvidar un dato o tropezar al hablar, suele desencadenar una sensación de exposición desmedida. La psicóloga Nicole Auteri mencionó que esta reacción proviene de la vergüenza y del temor a la mirada ajena, situaciones donde la mente deja de evaluar la falla de forma objetiva para percibirla como una amenaza directa contra la imagen personal.
La profesional explicó que el primer indicador de este sesgo surge con la rumiación constante sobre la opinión de los demás. Preguntas como “¿se habrán dado cuenta?” o “¿qué pensarán de mí ahora?” incrementan el malestar emocional. Auteri sostuvo que esta preocupación afecta con mayor severidad a las personas autoexigentes, quienes interpretan cualquier tropiezo cotidiano como un defecto en su valor personal.
Si bien la autocrítica resulta funcional en su justa medida para corregir conductas, el problema se consolida cuando la preocupación altera el comportamiento habitual. La persona puede empezar a inhibirse, evitar participar en reuniones o rechazar nuevos desafíos por temor a fallar otra vez. La especialista advirtió que este repliegue social desencadena cuadros severos de ansiedad, estrés y frustración.
Para neutralizar estas trampas mentales, la psicóloga planteó la necesidad de pausar el pensamiento automático y evaluar la situación con un criterio realista. Auteri remarcó que preguntarse qué ocurrió verdaderamente y cuáles fueron sus consecuencias reales ayuda a poner el episodio en perspectiva, recordando que la equivocación forma parte del aprendizaje en cualquier proceso humano.
La mente suele distorsionar los hechos tras un tropiezo, haciendo creer que la falla fue más grave y visible de lo que realmente sucedió. Ser autocríticos permite identificar aspectos a mejorar, siempre que esa mirada no se transforme en un castigo sistemático. La especialista concluyó que aceptar la imperfección es el único camino para liberar la conducta de la parálisis emocional.
Tres juegos mentales que te torturan
1- Un error se vuelve gigante: un fallo pequeño puede ocupar toda nuestra atención y hacernos sentir que no hay nada bueno de esa situación.
2-Todos están mirando: después de equivocarnos, podemos sobreestimar cuánto nos observan los demás y pensar que cada persona está pendiente.
3-Recordamos solo lo malo: la mente puede quedarse con el momento del error y dejar de lado todo lo que hicimos bien, y dejamos que eso defina toda la situación.


