Tener una opinión firme no es necesariamente un problema, pero la situación cambia cuando una persona necesita demostrar constantemente que tiene la razón y no puede aceptar un punto de vista diferente. En muchos casos, esta actitud no surge de sentirse superior a los demás, sino del miedo a equivocarse y de la sensación de que reconocer un error puede hacer que pierda valor o quede expuesta frente a otros, explicó la psicóloga Gabriela Miranda.
Una de las razones detrás de esta dificultad puede encontrarse en experiencias de la infancia. Crecer en ambientes muy exigentes, donde equivocarse era motivo de castigo, burlas o decepción, puede hacer que una persona aprenda a asociar el error con algo negativo. Con el tiempo, esta experiencia puede dificultar la aceptación de que existen diferentes maneras de interpretar una situación.
Por eso, cuando alguien demuestra con argumentos que estamos equivocados, podemos sentirlo como un ataque personal en lugar de verlo como una oportunidad para aprender. El orgullo puede generar una respuesta defensiva, incluso cuando la evidencia indica que nuestra posición necesita ser revisada. Aceptar un error, sin embargo, no significa ser menos inteligente, perder autoridad o demostrar debilidad.
Esta dificultad para aceptar otras perspectivas también puede afectar los vínculos cotidianos. En una pareja, las conversaciones pueden convertirse en discusiones en las cuales el objetivo deja de ser comprender al otro y pasa a ser ganar. En la familia puede generar distancia, especialmente cuando una persona corrige constantemente a los demás, mientras que entre amigos puede resultar agotador relacionarse con alguien que transforma cada intercambio de opiniones en una competencia.
Aprender a reconocer un error requiere desarrollar mayor flexibilidad y capacidad de escucha, señaló la profesional. Una forma de comenzar es intentar escuchar para comprender el punto de vista del otro y no solamente para preparar una respuesta. Frente a una opinión diferente, también puede ser útil detenerse y pensar si existe algo que no habíamos considerado antes. Decir “no había pensado de esa manera” o reconocer que el otro tiene un punto válido no disminuye nuestro valor, sino que demuestra capacidad para revisar nuestras propias ideas.
Cuando convivimos con alguien que no acepta ningún punto de vista diferente, también es importante establecer límites. No todas las discusiones tienen que ganarse ni todas las diferencias necesitan resolverse en el momento. Se puede reconocer que existen opiniones distintas y decidir terminar la conversación si comienza a convertirse en una confrontación.


