Recibir un diagnóstico de infertilidad o atravesar una pérdida espontánea puede generar un importante impacto emocional en las mujeres que esperan con ansias convertirse en mamás. Para muchas personas, ese deseo está vinculado con proyectos personales, expectativas y, en algunos casos, con la propia identidad. Cuando ese camino se dificulta o se interrumpe, pueden aparecer sentimientos de tristeza, frustración, miedo, ansiedad, culpa y baja autoestima, explicó la psicóloga Judith Ramos.
La incertidumbre es uno de los factores que puede hacer más difícil este proceso, ya que no tener respuestas sobre cuándo o si se logrará un embarazo puede generar una sensación de falta de control y un importante desgaste emocional, ya sea en la mujer o el hombre. Algunas mujeres pueden llegar a atravesar estas experiencias sintiéndose solas o incomprendidas y, en determinados casos, ese malestar puede derivar en síntomas de ansiedad, depresión o estrés prolongado.
No existe una forma única o correcta de afrontar estas situaciones, ya que cada persona procesa el dolor de acuerdo con su historia, sus experiencias y sus recursos emocionales. Por eso, es importante permitir la expresión de las emociones, incluso aquellas que se consideran negativas, sin exigir que la persona se recupere rápidamente o enfrente la situación de una manera que se crea correcta en nuestra sociedad.
Es importante recordar que la infertilidad no afecta únicamente a la mujer, la situación involucra a ambos integrantes de la pareja y puede generar la sensación de que otros aspectos de la vida quedan en pausa mientras continúa la búsqueda de un embarazo. La presión social y cultural relacionada con la maternidad y la paternidad también puede intensificar el malestar, especialmente ante preguntas o comentarios de familiares y amigos.
En este contexto, las palabras que se utilizan para acompañar a una persona pueden tener un impacto importante, frases como “tenés que ser fuerte”, “sos joven, vas a tener otra oportunidad” o “podés intentarlo otra vez” suelen surgir con la intención de dar esperanza. Sin embargo, también pueden minimizar el dolor que la mujer está atravesando en ese momento.
Decirle a alguien que tendrá otra oportunidad no elimina la pérdida ni responde a la incertidumbre que enfrenta. Además, es darle esperanza sobre un futuro que no se puede garantizar y puede transmitir la idea de que el dolor actual debería ser reemplazado rápidamente por la esperanza de un nuevo embarazo. Pero es necesario entender que una posible oportunidad en el futuro de convertirse en madre o padre no invalida el duelo por lo que no ocurrió o por lo que se perdió.
Acompañar no siempre significa encontrar las palabras correctas, en muchas ocasiones, escuchar, respetar el silencio, preguntar cómo se puede ayudar y permitir que la persona exprese su tristeza sin ser juzgada puede resultar más útil que intentar buscar una explicación o una frase motivadora.
El dolor ante la infertilidad o una pérdida espontánea no es algo que simplemente se supera ni que desaparece porque exista la posibilidad de volver a intentarlo. Se trata de un proceso personal, que puede implicar adaptación y una redefinición de expectativas. Por eso, frente a una mujer que atraviesa esta situación, a veces lo más importante no es decirle que sea fuerte ni asegurarle que volverá a tener otra oportunidad, sino hacerle saber que no tiene que atravesar el dolor sola.


