Las divergencias son inherentes a cualquier dinámica de pareja y se manifiestan en aspectos cotidianos como la comunicación, la distribución de responsabilidades, la planificación y la expresión emocional, según explicó la psicóloga Patricia Casañas. Bajo el enfoque de la terapia integrativa de pareja, el objetivo no es erradicar estas diferencias, sino transformar la reacción ante ellas y fomentar una mayor aceptación emocional.
Cuando las disparidades no se comprenden, suelen surgir sentimientos de frustración, enojo y angustia. El incumplimiento de acuerdos y las interpretaciones subjetivas sobre las acciones del otro generan heridas que profundizan el distanciamiento. Resaltó que si estos conflictos persisten sin un abordaje adecuado, el vínculo se deteriora progresivamente, aumentando el riesgo de una ruptura definitiva.
Casañas destacó que un componente crítico en este proceso es la denominada “trampa mutua”, una fase de polarización destructiva donde ambos miembros se sienten atrapados. En esta instancia, los intentos por resolver el problema paradójicamente incrementan la tensión, alimentando la desesperación mientras cada uno se enfoca en defenderse o en intentar cambiar la conducta del compañero.
Para interrumpir este ciclo es fundamental reconocer que el conflicto radica en la dinámica construida y no en la pareja como un adversario. Identificar el momento en que se activa esta reactividad permite frenar respuestas automáticas, evitando conductas evasivas o de confrontación constante que solo perpetúan el malestar.
La aceptación emocional es un pilar de este enfoque y consiste en comprender que ciertas conductas emergen del miedo, el dolor o la vulnerabilidad, más que de una intención maliciosa. Validar el malestar del otro no implica una aceptación incondicional de sus acciones, sino reconocer la experiencia emocional subyacente que requiere ser atendida.
Señaló que identificar estos patrones resulta complejo cuando las respuestas están profundamente arraigadas. Por ello, la intervención de un terapeuta especializado facilita el análisis de las raíces del conflicto y el aprendizaje de nuevas herramientas de afrontamiento.
En última instancia, el propósito es trabajar sobre el ciclo de enfrentamiento y promover una comprensión profunda de las diferencias, desplazando el enfoque de la modificación del otro hacia la construcción de un entendimiento mutuo saludable.


