Iniciar un noviazgo o relación con una persona que tiene hijos suele despertar emociones contradictorias, incluso en parejas consolidadas. Al respecto, la psicóloga Patricia Cardozo señaló que el reto principal radica en asumir que la pareja no es la prioridad absoluta, pues los hijos ocupan siempre el primer lugar. Esta realidad puede desatar momentos de frustración al modificarse la agenda o reducirse el tiempo a solas.
También pueden aparecer celos o comparaciones, aunque no necesariamente hacia los hijos, sino hacia el vínculo previo que existe entre ellos y su padre o madre. A esto se suma la incertidumbre sobre el propio lugar dentro de la familia, con preguntas como “¿qué soy para ellos?” o “¿hasta dónde puedo intervenir?”.
La especialista mencionó además el miedo al rechazo, especialmente cuando los hijos muestran distancia o resistencia al principio. Intentar agradar a todos puede generar una sobrecarga emocional y terminar en agotamiento. Desde la teoría del apego, estas situaciones pueden activar miedos al abandono o a no ser una prioridad, particularmente en personas que atravesaron experiencias de pérdida o rechazo.
Para la entrevistada, encontrar un lugar en una familia ensamblada no significa ocupar el rol de padre o madre. La evidencia sobre este tipo de familias muestra que el vínculo suele funcionar mejor cuando el nuevo integrante construye primero una relación de confianza antes que una posición de autoridad.
Por eso, el vínculo debe construirse gradualmente y permitir que el afecto aparezca de manera natural, sin exigir cercanía inmediata. El nuevo integrante puede convertirse en una figura de apoyo, respeto y coherencia, mientras respeta la historia que los hijos ya tienen con sus padres.
La experta sugirió distinguir entre sentirse desplazado y ser menos valorado, porque priorizar a un hijo no invalida el amor a la pareja. Ante celos o frustración, aconsejó expresar emociones de forma asertiva y sin acusaciones por ejemplo: “Me siento desplazada cuando cambian los planes”.
Otro aspecto importante es cuidar el vínculo de pareja mediante espacios exclusivos y, al mismo tiempo, mantener una vida propia con amistades, proyectos e intereses. Según la psicóloga, también ayuda reconocer que el amor hacia los hijos y el amor hacia la pareja corresponden a vínculos diferentes y no tienen por qué competir.
Desde la psicología sistémica, Cardozo señaló que las familias ensambladas funcionan mejor cuando cada integrante ocupa un lugar claro. El padre o la madre biológica mantiene el liderazgo parental, mientras la nueva pareja construye progresivamente su propio vínculo con los hijos. La relación de pareja, a su vez, debe cuidarse como un espacio propio.


