Pasar de la adolescencia a la adultez puede generar miedo e incertidumbre, aunque exista el deseo de ser independiente. La psicóloga Jessica Gamarra explicó que la autonomía se construye poco a poco al asumir responsabilidades en los estudios, el trabajo, el dinero y las relaciones. La libertad y las nuevas responsabilidades pueden generar temor.
Sin embargo, sentir incertidumbre no significa necesariamente que algo vaya a salir mal. Para la entrevistada, también puede ser parte del proceso de comenzar a elegirse y aprender a tomar decisiones aun cuando todavía no se tienen todas las respuestas.
Gamarra señaló que las expectativas familiares y sociales imponen plazos para terminar una carrera, trabajar o independizarse, lo que aumenta la presión. También advirtió que las redes sociales fomentan comparaciones con vidas y logros que no muestran los fracasos ni el esfuerzo detrás de cada proceso.
La situación económica actual no siempre permite independizarse tan rápido como antes, depender de la familia no significa ser inmaduro o no esforzarse, sino que depende de la situación de cada persona. La psicóloga señaló que seguir las expectativas de otros puede llevar a tomar decisiones para complacerlos en lugar de elegir lo que realmente se quiere.
La autonomía surge en la adolescencia e implica saber qué se piensa, quiere y asume, más allá de independizarse o dejar de recibir ayuda económica. La especialista explicó que tener una identidad propia no significa rechazar lo aprendido en la familia, sino decidir qué mantener, qué cambiar y qué ya no representa a la persona.
Depender emocionalmente puede ser un problema cuando se busca siempre la aprobación de otros o cuesta poner límites por miedo a perderlos. Crecer también significa entender que los padres pueden preocuparse o no estar de acuerdo sin que eso afecte el cariño. La identidad se forma con el tiempo, al probar cosas nuevas, equivocarse, cambiar de opinión y asumir responsabilidades.
En este proceso, los padres pueden acompañar a los jóvenes sin hacer por ellos lo que ya pueden hacer solos. La especialista recomendó escuchar antes de aconsejar, evitar comparaciones y adaptar la ayuda a cada situación. Si viven juntos o dependen económicamente de la familia, pueden acordar tareas del hogar, aportes y responsabilidades diarias.
Para Gamarra, acompañar también implica aceptar que los hijos pueden elegir caminos diferentes a los que sus padres imaginaron. El objetivo no debería ser evitarles toda frustración o problema, sino convertirse en una base segura desde la cual puedan experimentar, equivocarse, aprender y asumir progresivamente las consecuencias de sus decisiones.
Principales indicadores de alerta
Entre las manifestaciones a las que se debe prestar atención se destacan:
- La evasión continua en la toma de decisiones y el abandono de los compromisos asumidos.
- El aislamiento social y una búsqueda constante o excesiva de validación externa.
- Alteraciones visibles en las pautas de sueño o en los hábitos alimenticios, acompañadas de irritabilidad persistente.
Asimismo, la ausencia de iniciativa propia suele vincularse a niveles elevados de autoexigencia o al temor al fracaso. En circunstancias donde el malestar resulta agudo o se prolonga en el tiempo, se recomienda acudir a la consulta con un especialista.


