La psicóloga Yanina Gaona mencionó que revisar constantemente si una persona está en línea y esperar una respuesta puede parecer una conducta cotidiana, pero en algunos casos está relacionada con la ansiedad y con la necesidad de sentir seguridad o aprobación. Saber que alguien está conectado reduce momentáneamente la incertidumbre sobre su disponibilidad, aunque también puede generar nuevas preguntas cuando la respuesta no llega.
Esta situación puede aparecer por diferentes motivos, entre ellos el miedo al rechazo, la inseguridad, la necesidad de control o una baja tolerancia a la incertidumbre y la frustración. También puede relacionarse con experiencias previas de abandono o con un estilo de apego ansioso, en el que existe una necesidad mayor de cercanía y confirmación por parte de la otra persona.
Cuando vemos que alguien está conectado y no responde, la mente comienza a completar la falta de información con interpretaciones negativas. Así, un simple estado de conexión puede convertirse en una serie de pensamientos que generan malestar. “Seguro está enojado conmigo”, “me está evitando”, “hice algo malo”, “prefiere hablar con otra persona” o “tal vez está con alguien más importante que yo” son algunas de las ideas que pueden aparecer en estos momentos. Sin embargo, estar en línea no significa necesariamente que una persona esté disponible para conversar.
Según la profesional, la mente ansiosa suele tener poca tolerancia a los espacios de incertidumbre y busca una explicación inmediata. Ante la ausencia de respuestas, puede crear escenarios negativos o incluso catastróficos. De esta manera, el sufrimiento no necesariamente surge de lo que está ocurriendo, sino de la interpretación que hacemos de los hechos.
Por eso, es importante diferenciar entre un hecho y la interpretación que hacemos de él. El hecho puede ser que la persona esté conectada y todavía no respondió; pensar que nos ignora, que está enojada o que ya no le importamos corresponde a una interpretación que no necesariamente refleja la realidad.
El primer paso para modificar esta conducta es reconocer qué estamos intentando calmar cada vez que revisamos la actividad de otra persona. A partir de ahí, se puede comenzar a reducir de manera consciente la necesidad de comprobar si está conectada, evitando convertir el estado en línea en una fuente permanente de tranquilidad o angustia.
También puede ayudar establecer períodos de distancia del celular, realizar actividades que requieran concentración y practicar una respiración relajada para disminuir la activación física asociada a la ansiedad. La idea es recordar que una emoción puede ser intensa sin convertirse en una orden que debamos obedecer inmediatamente.
Una respuesta tardía o la falta de una respuesta no define nuestro valor como personas. Aprender a tolerar esos momentos de incertidumbre permite reducir progresivamente la necesidad de controlar la actividad digital de los demás y ayuda a construir vínculos en los que la comunicación no dependa de comprobar constantemente quién está conectado.


