La vagina cuenta con lactobacilos, bacterias que forman parte de su protección natural frente a otros microorganismos como hongos y bacterias. Según el profesional, una higiene vaginal demasiado rigurosa, especialmente mediante un chorro de agua dirigido directamente hacia la vagina, puede disminuir estas defensas y favorecer la aparición de vaginitis, cervicitis y otros procesos irritativos.
El uso del bidet resulta adecuado para la higiene anal y perianal, esto es especialmente importante en las mujeres debido a la cercanía entre el ano y la vagina. Ruiz Díaz señaló que bacterias como la Escherichia coli, presentes en la zona perianal, pueden desplazarse hacia la vagina y posteriormente llegar hasta la uretra.
Este ascenso de bacterias puede provocar infecciones urinarias y el riesgo puede ser mayor después de la menopausia. El urólogo mencionó que la disminución de las hormonas hace que los tejidos se vuelvan más secos y que la uretra pierda parte de su protección natural. En lugar de funcionar como una barrera frente a las bacterias de la zona perineal, puede facilitar su ascenso hacia la vejiga y favorecer cistitis recurrentes.
Por eso, el especialista recomendó que el agua se utilice para arrastrar los microorganismos de la zona externa, sin dirigirla hacia el interior de la vagina. La higiene perianal permite mantener limpia el área cercana a los genitales sin alterar el equilibrio natural vaginal.
En los varones, el bidet también está destinado principalmente a la higiene posterior a la evacuación. Para la limpieza genital, el médico explicó que el agua puede deslizarse sobre el glande descubierto y el prepucio para arrastrar bacterias y hongos.


