El especialista remarcó que el mal olor no proviene de la transpiración pura, sino del contacto entre las secreciones y la microbiota cutánea. Cuando una fórmula parece fallar de repente, la causa responde a transformaciones internas o ambientales del usuario. Alteraciones en la alimentación, giros hormonales, el uso de prendas sintéticas, picos de estrés o cambios en la población bacteriana modificaron la acidez y composición del sudor, dejando sin efecto la protección del cosmético de siempre.
Asimismo, Núñez estableció la diferencia técnica entre los desodorantes, diseñados para perfumar o neutralizar malos olores, y los antitranspirantes, formulados para reducir la humedad. Para garantizar la higiene, recomendó lavar las axilas con jabón adecuado, enjuagar bien y secar la piel minuciosamente. Por último, el médico sostuvo que cuando la sudoración condiciona la autoestima o la vida social resulta clave consultar con un profesional para abordar el problema.

