La psicóloga Rocío Muñoz explicó que la vida en pareja reorganiza las prioridades y la estructura familiar para construir un espacio propio con acuerdos y límites. Las decisiones comunes deben tomarse en pareja sin interferencias constantes de la familia de origen, lo que no implica abandonar a los padres, sino mantener un vínculo afectivo reconociendo la autonomía del nuevo hogar.
Tomando como referencia el enfoque de Minuchin, Muñoz señaló que deben existir límites adecuados entre los distintos subsistemas familiares. La dificultad aparece cuando padres o hermanos continúan ocupando un lugar demasiado central en decisiones que corresponden al matrimonio, o cuando uno de los integrantes mantiene una lealtad tan fuerte hacia su familia de origen que termina debilitando el vínculo conyugal.
Para la psicóloga, una relación saludable permite construir acuerdos, tomar decisiones importantes en conjunto y poner límites a terceros. La persona debería poder decir “no” a sus padres cuando sea necesario y conservar, aun así, una relación afectiva y respetuosa con ellos.
Es esencial observar el otro extremo opuesto, como el temor constante a contrariar a la pareja, la dependencia o el aislamiento son señales alarmantes. Sin embargo, Rocío Muñoz aclaró que distanciarse de la familia no implica dependencia hacia el cónyuge, sino que puede responder a poner límites saludables.
Por eso, la pregunta no debería ser quién es más importante, sino si la persona conserva su autonomía, sus vínculos significativos y su capacidad de decisión mientras construye una relación de pareja. Los padres y hermanos pueden aconsejar y acompañar, pero no deberían ocupar el lugar de quienes toman las decisiones.
Esto implica que los cónyuges dialogan en privado sobre temas clave como dinero, vivienda, proyectos, crianza y conflictos, evitando buscar que la familia tome partido. Marcar ese espacio requiere aclarar con firmeza que la decisión es de la pareja. Con hijos, debe diferenciarse la función de los abuelos, quienes acompañan, de la de los padres, a quienes corresponden las decisiones. Asimismo, no se deben permitir faltas de respeto hacia el cónyuge, aun si vienen de un familiar cercano.
Para Rocío Muñoz, poner límites no significa dejar de querer a la familia, un límite saludable no es una pared que separa, sino una frontera que permite mantener el vínculo sin aceptar una interferencia constante. La madurez en la pareja consiste en lograr una adecuada diferenciación y reorganizar las lealtades familiares para cuidar ambos vínculos sin ponerlos a competir.
“Un límite saludable permite mantener el cariño y la cercanía con la familia, pero reconoce que la pareja necesita sus propias reglas y capacidad para decidir”.
Rocío Muñoz, psicóloga.


